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Ciudad de México.— Carina siempre quiso ser doctora. Cuando era niña, se imaginaba atendiendo pacientes en un grandísimo hospital y portando una bata blanquísima. Se visualizaba feliz salvando vidas. Pero en su primer encuentro con ese sueño, todo fue una pesadilla.

Carina fue víctima de acoso sexual en el Hospital Central Militar, donde liberó su año de internado como médico cirujano. La joven prefiere hacer la entrevista en su escuela, una universidad al norte de la Ciudad de México, y pide que le cambien el nombre, pues aún sostiene una batalla legal con los médicos que la agredieron.

Era 2017. Desde el principio sintió un ambiente hostil en el trato entre internas, enfermeras y médicos en el hospital. No tardó en distinguir que había trato preferente para algunas y “castigos” laborales para otras, “pero yo pensé que Medicina era una carrera dura, eso era normal”, dice a EL UNIVERSAL.

“Un doctor comenzó a interesarse en mi vida personal. Me preguntaba cómo iba y venía de casa, si tenía novio, y un día empezó a quitarme cargas de trabajo: le daba a otras mis tareas y les pedía que se encargaran de mis pendientes”, cuenta.

Una madrugada, entre las primeras horas del día, le pidió que fuera al sótano para tomar algunas herramientas y asistirlo en una cirugía urgente. Al pasar por el vestidor de mujeres, Carina sintió un jalón que la tiró al piso. Era él.

“Hubo tocamientos. [Intentaba] zafarme, pero no podía: él tenía más fuerza. Me decía cosas como: ‘Yo sé que quieres. Me estás provocando’. Afortunadamente pude golpearlo y correr”, narra.

Carina denunció el acto con el jefe inmediato del médico, quien la cuestionó sobre los hechos: “¿Te violó? ¿Tienes marcas? ¿Tienes testigos?”, pero ella no tenía nada de eso y en los vestidores no hay cámaras, no había nadie cerca. Nunca la golpéo, y gracias a que pudo moverse rápido, no fue violada.

Cuando la cambiaron de área, luego de insistir que no quería permanecer en cirugía, un médico la reconoció y le dijo que sabía de su caso. “Un día se me acercó en el pasillo y me dijo al oído: ‘Dime cuánto me va a costar el acostón contigo’”, dice con la voz entrecortada.

Carina acude a terapia para sobreponerse a lo que vivió. “Con el tiempo escuché más y peores cosas; incluso las enfermeras hablaban de violaciones”.

Aunque recibió todo el apoyo de su familia y de su novio, Carina ha pensado muchas ocasiones en dejar su carrera de médico. “La gente minimiza un manoseo, una palabra obscena, porque dicen: ‘No te hizo nada’, pero siempre queda la angustia, el ‘¿Y si hubiera...?’”

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