Por un lado, los medios “le han atizado con ganas” al presidente Andrés Manuel López Obrador, pero, por el otro, el Mandatario no parece darse cuenta del peso de sus palabras, pues sus expresiones incitan reacciones en sus seguidores, consideró la periodista y columnista Martha Anaya. Ambos han abusado de su poder, sostuvo.

Del Presidente, recordó que si se le va a interpretar es necesario tomar en cuenta sus antecedentes y que desde sus inicios como luchador social ha mantenido una relación de “amor-odio” con la prensa la cual, por cierto, “le fascina” por el sentido del papel histórico que juega.

La autora de “Alhajero”, que se publica en El Heraldo de México, consideró que la violencia del crimen organizado es la mayor amenaza contra la libertad de expresión, pues los criminales son cada vez más poderosos y ven a los periodistas como sus enemigos.

¿En qué condiciones se encuentra la libertad de expresión y de prensa en estos momentos?

—En momentos intensos. Las libertades no son algo estático y perenne, hay que luchar por ellas todos los días, desde distintas trincheras. Unas veces se avanza, otras te tiran hacia atrás. Oriana Fallaci decía que hacer periodismo es como una guerra de guerrillas. Así lo he vivido.

Cuando el gobierno en turno pasa por tiempos difíciles, o de transformación y confrontación con grupos de poder como ahora, es más susceptible a las críticas y “aprieta” a la prensa. En el caso actual, diría que el enfrentamiento prensa-gobierno apenas inicia.

Desde mi perspectiva, otros poderes fácticos, como el crimen organizado y la violencia, son en estos momentos los principales enemigos de la prensa y de la libertad de expresión.

Hace un año, en una de sus columnas, usted rescató una promesa del Presidente: “Vamos a garantizar la libertad de expresión hasta el exceso, pero no se puede estar apostando a la manipulación”. ¿Cómo interpreta ahora esa frase?

—Diría que el Presidente ha cumplido a su estilo y de acuerdo con sus propias vivencias y convicciones. Es imposible entender a López Obrador sin tomar en cuenta su andar. Y en su camino ha vivido, desde que emergió como luchador social, una relación de amor-odio con la prensa.

Es evidente que la prensa le fascina por el sentido del papel histórico que juega, de ahí la intensidad de sus juicios y reacciones hacia lo que se dice y escribe. Sabe que lo que quede plasmado del día a día en algún momento se convertirá en libros y moldeará la historia que se escribirá de él y de su lucha.

Ciertamente, en su trayecto político ha padecido el acoso de distintos gobiernos y éste se ha manifestado a través de la prensa en su sentido más amplio, sea con silencios, el “no existes”, ni una línea, ni una entrevista, o con campañas difamatorias. Pero también hubo quienes le dieron voz y le abrieron puertas, así fueran modestas, aunque él al final de cuentas las despreciara.

Todo este rejuego, lo que de un lado y otro provocó es lo que, para bien y para mal, se manifiesta en buena medida en las mañaneras. Y que hay manipulación, por supuesto. La hubo entonces y la hay ahora. De las dos partes.

¿Ha entrevistado a Andrés Manuel López Obrador? ¿En ese momento cómo lo vio?

Sí, era presidente del PRD cuando hablamos por vez primera, a finales de los 90. En esencia, lo veo igual a la fecha: cauteloso y desconfiado. Quizás añadiría que, ahora con el poder, asoma claramente la arrogancia que antes contenía.

Si le pudiera hacer una sola pregunta al Presidente, ¿cuál sería?

—Me gustaría que contestara en verdad si está buscando o le gustaría morir en la Presidencia al igual que Benito Juárez para enaltecer aun más su figura en las páginas de la historia.

En 2020 han sido asesinados al menos ocho periodistas, ¿qué está pasando?

—Los poderes delincuenciales no sólo amordazan y matan la palabra, nos matan. Matan niños, mujeres, periodistas.

Ahora los periodistas, reporteros de a pie la mayoría, forman parte de las escalofriantes estadísticas. Tal vez porque esa violencia ya no proviene solamente de los sótanos del Estado, porque los sicarios se sienten cada vez más poderosos, porque ven a los periodistas como enemigos, porque al matar a un periodista el mensaje de su poderío reverbera, porque simplemente no les importa, porque se saben impunes.

¿Cómo describiría la relación prensa-poder durante el gobierno de AMLO?

—Como una relación de gallitos de pelea. Una confrontación de arrogancias.

Algunos consideran que el Presidente promueve ataques a la prensa y amenaza la libertad de expresión, otros insisten en que no hay ataques ni asedios y que él tiene derecho a expresarse. ¿Usted qué opina?

—No me queda claro si Andrés Manuel se da cuenta del peso que tienen sus palabras como Presidente, pero desde luego que sus expresiones contra distintos medios y periodistas incitan reacciones en sus seguidores que pueden derivar en acciones aun más violentas que las que hemos visto.

Recuerdo cuando Manuel J. Clouthier en plena campaña presidencial en 1988 lanzó diatribas contra los medios, particularmente contra Televisa, y las agresiones en mítines contra reporteros y camarógrafos no tardaron en sucederse. El panista se dio cuenta de lo que estaba desatando y tuvo que pararle. Espero que López Obrador también lo haga.

A mí no me gusta ni tantito verlo señalar a periodistas y mucho menos a partir de ejercicios tan simplones como los que ha utilizado para denostarlos. En ello no veo, como él dice, derecho de réplica, sino manotazos. Manotazos que provocarán la ira de sus incondicionales. Desde mi punto de vista, es su manera de aventarles “el pueblo” a los medios para apaciguarlos y mostrar su poder.

¿Cómo ve las mañaneras? ¿Qué papel han tenido frente a la libertad de expresión y de prensa?

—Como periodista, me parece un ejercicio extraordinario. Es muy interesante ver cómo el Presidente, el hombre en el poder, se relaciona con la prensa y los periodistas, con los reales, los profesionales, con los youtuberos, blogueros, seudoperiodistas, paleros, inventados y los gestores, cómo los utiliza en sus conferencias según sus propósitos de comunicación del día. Algunas veces logra su propósito, otras terminan siendo meros culebrones.

Pero lo importante es, sin duda, lo político. De un lado, es una demostración en vivo y a todo color de su poder, del lugar que les da a los miembros de su equipo, a secretarios y subsecretarios, en los que pocos logran destacar y en cambio dejan asomar su temor o subordinación genuflexa ante AMLO.

Lo peligroso, para mí, es el uso que les da el Presidente de la República, y subrayo: el Presidente de la República, a las mañaneras, convirtiéndolas en tribunas de linchamiento. Eso es inaceptable para la prensa y para cualquiera.

¿Cómo debe ser la relación entre la prensa y el poder?

—Cada poderoso tiene su estilo. Unos, como Carlos Salinas, utilizan la “seducción”, hacen copartícipes del ejercicio del poder a los periodistas y a los intelectuales para acercarlos a sus causas. Otros los desprecian y ni se toman la molestia de hablar con ellos, como Ernesto Zedillo. Algunos obsequian grandes negocios o prebendas a cambio de “servicios” al estilo de Vicente Fox o Enrique Peña Nieto.

¿Cómo debería de ser? Creo que debería avanzar hacia una relación de instituciones, más que de personalidades y circunstancias. Y para ello debe cruzar primero por definirse el papel que debe o no jugar el gobierno respecto al papel de la prensa, el derecho a la información y a ser informados, y el presupuesto oficial que ello implicaría.

En cuanto a la relación entre AMLO y los medios, hoy por hoy es un desastre. Y eso lo ha provocado el propio Presidente. La arrogancia de la que hablaba al inicio. La arrogancia de las dos partes.

¿El Presidente abusa de su poder o la prensa ha abusado del suyo?

—Eso habría que juzgarlo en cada caso, pero, en términos generales, me parece que ambos hemos abusado.

El Presidente considera que ha sido el mandatario más criticado desde Madero, ¿usted qué opina? ¿Hay un límite para la crítica?

—No sé si sea el más criticado ahora como Presidente, pero de que a López Obrador le han atizado con ganas, y desde hace buen rato, no cabe duda. Muchas veces injustamente.

De hecho, quisieron acabarlo políticamente y para ello emprendieron todo tipo de acciones y artimañas desde el poder en las que los medios desempeñaron un papel importante.

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