Miami.— El secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, se ha convertido en una piedra en el zapato para Donald Trump. Mientras acumula poder y críticas por su gestión al frente de la institución, pierde apoyos, incluyendo en el Partido Republicano. Apenas el martes, un congresista presentó una moción para destituirlo, por librar una guerra “ilegal” en Irán.
Hasta ahora, Trump ha optado por mantenerlo al frente. “Trump impuso como secretario a un oficial de la Guardia Nacional con experiencia de combate, pero sin experiencia dirigiendo una estructura militar, administrativa y presupuestaria del tamaño del Pentágono”, dice a EL UNIVERSAL el politólogo Pablo Salas. De inmediato surgieron acusaciones de abuso de alcohol, conducta inadecuada con mujeres. Luego vino el escándalo de Signal y la polémica por las investigaciones que ordenó al interior del Pentágono contra filtraciones.
Sin embargo, Trump lo ha mantenido al frente. “Destituirlo hoy confirmaría que las advertencias al presidente eran fundadas”, dice Salas.
Hegseth sobrevivió al uso de la aplicación Signal para compartir información sobre una operación contra Yemen, incluidos horarios de lanzamientos y ataques y a la aparición de un segundo chat que contenía información militar sensible y en el que participaron su esposa, su hermano y su abogado personal; no recibió una sola sanción formal. Después ordenó investigaciones contra filtraciones, sometió a subordinados a pruebas de polígrafo, exigió acuerdos de confidencialidad y extendió la persecución de informantes hasta comandos desplegados.
Aunque la Casa Blanca terminó frenándolo en el tema de las pruebas, el objetivo estaba cumplido: Hegseth creó un clima “de miedo” en el Pentágono. Hegseth también concentró decisiones que antes pertenecían a las ramas militares, restringió el acceso periodístico y castigó publicaciones independientes.
La protección política comenzó a romperse cuando Thom Tillis, senador republicano por Carolina del Norte cuyo voto fue clave para la aprobación de la nominación de Hegseth, pidió a Trump que reemplazara al secretario de Guerra por haber informado deficientemente al presidente sobre las dificultades de una guerra contra Irán. El senador Tillis señaló que “nunca he presenciado una administración más inepta de quienes sirven a nuestro país; Hegseth se siente intimidado por la competencia”. El representante republicano Don Bacon, general retirado de la Fuerza Aérea, también reclamó su salida.
Daniel Driscoll, secretario del ejército, veterano de Irak, aliado del vicepresidente JD Vance y funcionario elogiado por republicanos y demócratas, habló con Trump sobre el deterioro de la preparación militar, las destituciones de generales y los obstáculos impuestos por Hegseth a la modernización del servicio. Finalmente, Driscoll presentó su renuncia el 31 de agosto.
El secretario de la Marina, John Phelan, amigo y donante de Trump, se quejó ante legisladores de que Hegseth y el subsecretario Stephen Feinberg estaban arrebatando a la Marina decisiones sobre submarinos y construcción naval. Hegseth y Feinberg pidieron a Trump la expulsión de Phelan y éste la autorizó.
Al menos 20 generales, almirantes y dirigentes civiles han sido despedidos, obligados a retirarse o han abandonado sus cargos desde que Hegseth asumió el Departamento. El secretario de Guerra habría eliminado hasta 80 nombres de listas de ascenso, una intervención extraordinaria en un proceso diseñado para proteger la promoción profesional de presiones políticas. El jefe del ejército, general Randy George, debía permanecer hasta 2027 y fue obligado a retirarse inmediatamente en abril de 2026; George y Driscoll desarrollaban una transformación basada en drones, adquisiciones rápidas, con base en las lecciones de Ucrania; después de su salida, una unidad experimental regresó a funciones convencionales y varias promociones fueron bloqueadas. Hegseth debilitó el conocimiento institucional y eliminó a quienes podían limitar su autoridad.
Jeffrey Kruse perdió la dirección de la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA), después de que sus analistas contradijeran la versión de Trump y Hegseth sobre Irán. La agencia concluyó que los bombardeos de junio de 2025 habían causado daños importantes, pero no habían “aniquilado” el programa nuclear iraní, como aseguró la Casa Blanca; Hegseth despidió a Kruse alegando pérdida de confianza. El senador demócrata Mark Warner, integrante del Comité de Inteligencia, señaló que “el análisis —de Kruse— fue honesto y basado en hechos. Es exactamente lo que debemos exigir, aunque no favorezca la narrativa de la Casa Blanca”.
Advertencias sobre la guerra en Irán
Kelly Grieco, investigadora sénior del Centro Stimson y especialista en estrategia militar, advirtió que “el gran número de despidos y ascensos bloqueados plantea si se están vaciando los niveles superiores de las Fuerzas Armadas”.
Cuatro comandantes de cuatro estrellas formularon objeciones escritas contra la prolongación de las operaciones en Irán; advirtieron que trasladar buques y aviones de vigilancia ya estaba reduciendo su capacidad para atender Europa, América Latina y la defensa del territorio estadounidense. Más de 50 mil militares permanecían en la región y algunas unidades recibieron extensiones hasta 2027. Estados Unidos ha consumido más de mil 500 interceptores Patriot y trasladado defensas desde Japón, Corea del Sur y Europa; reponer determinados arsenales puede tardar más de dos años.
Tom Karako, especialista del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, advirtió que “es imposible que esto no afecte significativamente el cálculo de Rusia y China; pueden actuar deliberadamente en el momento que ellos elijan”. La guerra está entregando una oportunidad a China y Rusia, pero Hegseth mantuvo las órdenes pese a conocer las objeciones.
Es en este contexto que el representante republicano Thomas Massie presentó el martes ocho artículos de juicio político contra Hegseth, alegando que ha utilizado la fuerza militar sin la autorización constitucional y legal que corresponde al Congreso para la guerra de Irán.
La Cámara de Representantes debía votar la moción de Massie ayer, pero se ordenó la suspensión anticipada de sesiones. “¿Por qué estamos cancelando la sesión cuando hay tanto trabajo importante por hacer?”, cuestionó Massie, quien concluyó que “es porque quieren evitar votar sobre... el juicio político a Hegseth”.
La ruptura republicana con Hegseth está cambiando el valor político que éste tiene para Trump. “El problema dejó de consistir en resistir las acusaciones demócratas y pasó a depender de cuántos republicanos decidan dejar de defenderlo [a Hegseth] porque es una amenaza para el partido en las próximas elecciones legislativas”, afirma Salas.
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