Perros policías, arma contra drogas y explosivos en CDMX

Metrópoli 10/11/2019 01:03 Kevin Ruiz Actualizada 15:43
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La Unidad Canina de la SSC les da una segunda oportunidad, ya que la mayoría de los animales son donados

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Lleva siete años y medio detectando explosivos en la Ciudad de México. Blue, una perra labrador de la Unidad Canina de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC), se detiene a rectificar con el olfato el contenido interior de un cajón de madera, en medio de una exhibición.

Deja la mirada fija sobre la caja hasta que se acerca un elemento policial y la carga con ambas manos para retirarla. Con ojos expresivos y un tanto desconcertados, Blue es retirada de aquel lugar de donde minutos atrás había botado una pelota que la hizo correr sobre un terreno pastoso.

Aunque todo fue parte de una presentación de sus habilidades policiales para detectar bombas, el adiestrador también debió seguir los protocolos que se realizarían en una situación de riesgo verdadero, por eso la cargó con ambas manos y la alejó.

Con ocho años y medio de vida, Blue es la integrante más veterana de los 24 canes que conforman la Unidad Canina del Agrupamiento Fuerza de Tarea. De acuerdo con los protocolos institucionales, ella debe dejar sus operaciones en cuanto cumpla los nueve años, pero sus resultados en los entrenamientos diarios y su reacción inmediata han logrado que los elementos sigan considerándola para la detección de explosivos, los cuales “son frecuentes” en la Ciudad de México.

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Los canes son entrenados hasta la edad de jubilación, a los ocho años; aunque si los veterinarios dan luz verde, pueden permanecer un año más en los operativos.
 

Blue repite la operación. Lleva puesto un chaleco oficial de color negro, como el de su pelaje; el adiestrador se pone en cuclillas y le da dos golpes ligeros sobre el pecho que la ponen alerta.

—Bien, Blue… ¡Busca! —. La perra sale rápidamente hasta llegar al sexto cajón de madera, en el que se esconde un artefacto que asemeja a un explosivo; volvió a atinar y esta vez sí es premiada con la pelota.

De los 24 perros, Blue es la más pesada, según los veterinarios, tiene sobrepeso; sin embargo, se pone reacia a que le quiten alimento a su dieta de croquetas premium.

Daniel Álvarez Amaro, segundo oficial encargado del adiestramiento de los perros, cuenta a este diario una anécdota particular de la perra: “Cuando le retiramos porciones de sus dieta dejó de hacer los ejercicios, por eso decidimos dejárselos, así nos funciona”.

A pesar de ese sobrepeso, casi imperceptible, es veloz y fuerte, además carga una energía que irradia. Luego de su exhibición su concentración se volvió en la pelota que le avientan de un lado hacia otro por todo el prado.

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Los oficiales buscan que los caninos no estén presionados en los entrenamientos, sino que les guste realizar las actividades.
 

Entrenamiento

El segundo oficial Daniel Álvarez Amaro cuenta a EL UNIVERSAL que la unidad canina tiene cuatro especialidades: detección de narcóticos, artefactos explosivos, ubicación de personas en construcciones colapsadas y cadáveres o restos humanos.

Los rastreos preventivos que hacen los perros varían según sus estadísticas, pero en lo que se refiere a eventos en los que hay una reunión masiva de personas, ya sea una congregación religiosa, política o cultural, se realizan de tres a cuatro diarios.

En cuanto a búsqueda de personas, cadáveres y narcóticos, el promedio es de un servicio diario, en específico para detección de drogas.

Álvarez Amaro explica que lo primero que hacen en la unidad canina es hacer una selección de perros desde cachorros, la mayoría de ellos donados, para determinar el tipo de temperamento, disposición y energía.

Además de que deben contener “instintos muy básicos, pero muy fuertes en el sentido de presa, de posesión, de jauría y de jerarquización. Deben ser perros muy equilibrados, pero con mucha disposición para el trabajo.

“Luego lo que hacemos es tener una línea de entrenamiento que los vaya haciendo más fuertes e ir puliendo las características que necesitamos, como lo es algo tan delicado como la detección de explosivos. Nosotros vamos viendo el tipo de perro con el que estamos trabajando y ello depende qué especialidad le asignamos”, dice en entrevista a este diario.

El entrenamiento, detalla, puede ser simple, como jugar con una pelota en un salón con 30 personas. Esto lo realizan para observar las capacidades con las que cuentan los animales para poder desarrollarse en un ambiente con muchas personas.

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Hay cuatro especialidades en las que son entrenados los perros, una es en la detección de narcóticos y cadáveres.
 

Si un perro abarca grandes espacios en el terreno, a los efectivos les deja de manifiesto que su entrenamiento debe ser para la búsqueda de personas; es decir, el adiestrador debe estar atento al lenguaje de cada uno de los canes para saber a cuál especialidad pertenece.

“Es tan simple como jugar con una pelota o tan complejo como subir a un perro a un helicóptero y que aguante el trayecto o los ruidos de la turbulencia y sensación de vacío. Inicialmente el entrenamiento tiene que ser de ocho meses para que un perro pueda salir a la vía pública como operativo.

“Sin embargo, cuando los canes salen a la calle surgen nuevos detalles que seguimos afinando durante toda la trayectoria del perro”, comenta.

Dicha trayectoria consiste en nueve años de vida, asegura Álvarez Amaro, cuando los canes cumplen esos años, deben ser retirados de operaciones policiales. Sin embargo, si no presentan problemas en articulaciones o cualquier otro de salud, pueden seguir realizando acciones policiales, pero ahora sólo un año y medio más.

En medio de los entrenamientos, repara el policía adscrito al Agrupamiento Fuerza de Tarea, a los perros no se les debe obligar a nada, pues “todo debe ser agradable para ellos, si lo hago agradable para mí y mi perro no quedó conforme, es probable que no vuelva a hacerlo”.

La unidad canina cuenta con tres veterinarios para atender a los 24 perros, ellos les ponen dieta a base de croquetas premium; se les da mantenimiento diario con baños, cepillados y una jaula para cada uno, nunca viven en comuna.

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El régimen alimenticio de los canes está basado en croquetas premium para que tengan un alto rendimiento.
 

Una segunda oportunidad

Al tener un entrenamiento complejo y una socialización totalmente con los integrantes de la institución, los perros policías que pasan por la unidad canina no pueden tomar una vida de hogar, como animal de compañía, pues están acostumbrados a otro tipo de trato, explica Daniel Álvarez Amaro.

Por eso, la SSC tiene su programa de jubilación de perros policía, el cual consiste en mantenimiento “como si fueran operativos”, pero con sus debidas necesidades, ya que “los perros en realidad envejecen en sus articulación, pero su mente sigue de cachorro”.

“Nuestros perros no se van, no son dados en donación, no se van a ninguna casa, se quedan con nosotros hasta que se van por muerte natural”, enfatiza el oficial, quien además refiere que hasta el momento cinco perros ya han sido retirados de sus funciones.

Álvarez Amaro repara y lanza un mensaje: “Nuestros perros operativos vinieron por donaciones. La idea no es darles una segunda oportunidad al perro, es darnos una segunda oportunidad todos. La cantidad de perros en la vía pública no se dio sola, todos cooperamos en eso y cuando un perro no tiene un lugar en donde estar, una casa, o es exiliado, es un problema que creamos todos. En esta institución cuando adoptamos, estamos dando una segunda oportunidad”.

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