23 | FEB | 2019
Al lugar llegaron camiones de granaderos con 200 policías, quienes reguardaron el lugar e impidieron el paso a los curiosos. (AGUSTÍN SALINAS. EL UNIVERSAL)

Crónica. Unos minutos más y no la cuentan en plaza Artz

13/07/2018
01:07
Andrea Ahedo
-A +A
Trabajadores de Artz Pedregal aseguran que les pidieron evacuar media hora antes del colapso; el centro comercial abrió el 8 de marzo pasado, pero los permisos los otorgó Leonel Luna en 2013

[email protected]

Media hora antes de que la terraza volada de la entrada principal de plaza Artz se derrumbara, el personal de seguridad privada avisó a los empleados y visitantes que debían evacuar inmediatamente; esa indicación les salvó la vida a cientos de personas.

Trabajadores de la construcción, quienes pintaban y decoraban los primeros pisos, salieron antes que nadie de la megaplaza que fue inaugurada el pasado 8 de marzo, pero su construcción inició a finales de 2013 y los permisos los otorgó el entonces delegado en Álvaro Obregón, Leonel Luna.

Antes de las 10 de la mañana se escuchó un crujido en la estructura que venía desde el tercer piso, en un área que fue decorada con varias hileras de vidrios oscuros desde donde se podía ver la avenida Periférico.

Aunque el Gobierno capitalino dijo que se desalojó el inmueble tres horas antes, los empleados aseguran que personal de vigilancia les avisó a las 10:40 horas, sólo 30 minutos antes de que la estructura se colapsara.

“Deben evacuar en 30 minutos”, le dijeron a Víctor Cuéllar, el chef del restaurante El Bajío, ubicado en el tercer piso, justo a un lado de la tienda deportiva que se cayó. El encargado y jefe de 60 personas que laboraban en ese negocio les indicó a todos que debían irse, aunque primero se aseguraron de no dejar la lumbre encendida y de resguardar los alimentos.

Todos descendieron por las escaleras del segundo piso cuando “escuchamos como si estuvieran arrastrando cajas, fue un ruido muy fuerte. Entonces se empezó a derrumbar”.

Al salir por la parte trasera de la plaza, Víctor y sus compañeros fueron cubiertos por una nube de polvo que les dificultaba distinguir lo que había sucedido. Algunos testigos describieron el estruendo del colapso como el ruido que produce un camión al dejar caer toneladas de grava sobre la calle, pero otros olvidan este sonido y recuerdan principalmente el crujido de los vidrios que lentamente fueron cayendo sobre un área que fue previamente acordonada.

A las 11 de la mañana, cuando apenas se evacuaba la plaza, un grupo de curiosos se pararon frente a las ventanas para averiguar por qué había gente saliendo del lugar.

Un hombre moreno, vestido con jeans azules y sudadera gris, sacó su teléfono celular y captó, a las 11:14, cómo uno de los vidrios de plaza Artz se cayó lentamente, luego otro más y después toda una hilera de ventanales mezclada con concreto que se vino abajo chocando contra el suelo, provocando un estruendo que llegó a varias calles a la redonda.

Todos los empleados se colocaron a una calle o más de distancia para protegerse, aunque hubo quienes se acercaron para averiguar si había alguien atrapado, pero no fue así. En tanto, los automovilistas pausaban su circulación sobre avenida Periférico para tomar fotos del accidente.

Enseguida se alertó a la policía, paramédicos y bomberos del desplome. Cinco ambulancias fueron las primeras que se acercaron a la plaza y camiones de granaderos con 200 policías, también dos perros rastreadores de raza pastor alemán, con sus chalecos de la SSP color azul, eran guiados hasta la estructura para buscar gente atrapada entre los escombros.

Mientras tanto, los cientos de policías auxiliares y de tránsito cerraron la circulación en lateral de Periférico y esta vialidad se volvió un estacionamiento de autos.

Cuarenta minutos después, el secretario de Protección Civil, Fausto Lugo, mandó un tuit en el que indicó que no había reporte de lesionados. Otras autoridades llegaron al lugar, entre ellos el procurador Edmundo Garrido; el secretario de Seguridad Pública, Hiram Almeida, y decenas de peritos, fotógrafos, ingenieros estructuralistas de las dependencias.

Los empleados de la plaza dejaron sus pertenencias dentro, se sentaron en la vía pública, hablaron a sus conocidos y veían con insistencia el edificio que se cayó tras su evacuación.

Bomberos equipados entraron hasta el tercer piso, donde habría un restaurante de comida japonesa, buscaron más gente e inspeccionaron las paredes y pisos.

Ricardo, un vulcano joven, estuvo ahí por 15 minutos, “hay una fuga de agua que aún no se detiene, lo que puede provocar otro derrumbe”.

INFORMACIÓN RELACIONADA

Mantente al día con el boletín de El Universal

 

Comentarios