Rioja Alavesa irrumpe en la conversación con una lectura más precisa del territorio dentro de la DOCa Rioja. A través de suelos calizos, viñedos fragmentados y una viticultura de escala familiar, la región reivindica una identidad propia dentro de la denominación más reconocida de España.
Esta visión se materializa hoy también en la Ciudad de México, con un corner dedicado a los vinos de Rioja Alavesa que acerca al público local una selección representativa de su diversidad y origen, y en Menú te contamos todo al respecto.
Durante buena parte del siglo XX, Rioja se consolidó como una de las denominaciones más reconocibles del mundo gracias a un sistema de clasificación sencillo y eficaz, basado en el tiempo de crianza y en un perfil estilístico relativamente uniforme. Sin embargo, bajo esa narrativa cohesionada convivieron realidades vitícolas muy distintas. Rioja Alavesa es la región donde esa diversidad no solo se hace visible, sino que se reivindica como elemento central de identidad dentro de la DOCa Rioja.

Situada al norte del río Ebro y protegida por la Sierra de Cantabria, Rioja Alavesa ocupa aproximadamente 14,000 hectáreas de viñedo dentro de la DOCa Rioja. Se trata de una comarca pequeña en extensión, pero extraordinariamente fragmentada: más de 26,000 parcelas repartidas en 15 municipios, con una superficie media inferior a media hectárea por propietario. Este modelo de minifundio, heredado por vía familiar, ha marcado profundamente la manera de cultivar la vid y de concebir el vino en la región.
“Siempre se ha hablado de Rioja como un todo homogéneo, pero cuando miras de cerca, la diversidad es enorme. En esa diversidad, Rioja Alavesa es protagonista”, destacó Carlos Borboa, director del México Selection by Concours Mondial de Bruxelles, durante una presentación y cata de vinos de Rioja Alavesa en la que, con respaldo de la Diputación Foral de Álava, se discutió la necesidad de cambiar la forma en que se entiende la denominación.
Leer también: Para qué sirve tomar infusión de canela con clavo de olor
Uno de los principales factores de diferenciación de Rioja Alavesa frente a otras zonas de la DOCa Rioja es su composición edáfica. Predominan los suelos arcillo-calcáreos, con presencia significativa de caliza activa. Son suelos pobres en materia orgánica, con fertilidad limitada, lo que restringe de manera natural el vigor de la vid y favorece rendimientos bajos.
La caliza juega un papel clave en la expresión de los vinos de Rioja Alavesa: contribuye a una mayor acidez natural, a taninos de grano fino y a una sensación de frescura que se mantiene incluso en añadas cálidas. En algunas áreas, especialmente hacia el este de la comarca, aparecen suelos con mayor contenido de hierro, visibles en tonalidades rojizas del subsuelo, que aportan estructura y profundidad.
Estas condiciones obligan a la vid a desarrollar sistemas radiculares profundos, capaces de explorar distintas capas del suelo en busca de agua y nutrientes. El resultado son plantas más equilibradas y vinos con mayor expresión del lugar.
Desde el punto de vista climático, Rioja Alavesa se sitúa en una franja de transición entre la influencia atlántica y la mediterránea. La Sierra de Cantabria actúa como barrera natural frente a los vientos fríos y húmedos del norte, mientras que el valle del Ebro aporta luminosidad y moderación térmica.
Las precipitaciones medias oscilan entre los 450 y los 600 milímetros anuales, con veranos secos y una marcada oscilación térmica entre el día y la noche, especialmente en las parcelas situadas a mayor altitud. Muchos viñedos se encuentran entre los 450 y los 650 metros sobre el nivel del mar, una altitud superior a la media de otras zonas de Rioja.
Esta combinación de altitud y amplitud térmica permite una maduración lenta y progresiva, favoreciendo la acumulación de compuestos aromáticos sin pérdida de acidez. En términos prácticos, esto se traduce en vendimias ligeramente más tardías y en vinos con menor grado alcohólico potencial y mayor tensión en boca.
El tempranillo es la variedad dominante en Rioja Alavesa, representando más del 90 % del viñedo. Sin embargo, su expresión varía considerablemente en función del suelo, la altitud, la orientación y, sobre todo, la edad de las cepas.
Una parte significativa del viñedo está plantada en vaso y cuenta con más de 40 o 50 años de edad; en municipios como Leza, cerca del 30 % de las viñas son anteriores a 1965. Estas cepas viejas producen racimos pequeños, de piel gruesa y baja relación pulpa-piel, lo que da lugar a vinos concentrados, pero no necesariamente potentes, con taninos finos y perfiles aromáticos complejos.
“No buscamos sobremadurez ni vinos musculosos”, explicó el director del México Selection, “buscamos equilibrio, frescura y que el viñedo se reconozca en el vino”.
Además del tempranillo, siguen presentes variedades históricas como graciano, mazuelo y viura. Aunque su presencia es minoritaria, cumplen un papel técnico relevante en los ensamblajes: el graciano aporta acidez y capacidad de guarda; el mazuelo, estructura; la viura, frescura y tensión, incluso en vinos tintos.
La fragmentación del viñedo en Rioja Alavesa ha favorecido una viticultura de escala humana. Las parcelas suelen estar delimitadas por ribazos donde crecen especies aromáticas como romero, tomillo, lavanda, manzanilla o hinojo. Esta biodiversidad no solo cumple una función ecológica, sino que forma parte del ecosistema del viñedo y, de manera indirecta, del perfil aromático de los vinos de Rioja Alavesa.
“Cuando trabajas parcelas tan pequeñas, el entorno importa. La viña convive con esas plantas y, de alguna forma, el vino lo refleja”, se comentó durante la presentación.
En los últimos años, muchas bodegas han adoptado prácticas de agricultura ecológica o sostenible, no como estrategia de marketing, sino como consecuencia lógica de su escala de trabajo. El manejo manual sigue siendo habitual, tanto por la configuración de las parcelas como por la edad de las cepas.
Durante décadas, el sistema de clasificación de Rioja priorizó el tiempo de envejecimiento en barrica sobre el origen del viñedo. La reforma del pliego de condiciones de la DOCa Rioja en 2017 supuso un punto de inflexión al introducir figuras como los viñedos singulares, los vinos de municipio y los vinos de zona.
Rioja Alavesa fue una de las regiones que adoptó este cambio con mayor naturalidad. Muchos de sus vinos, aunque pasen entre nueve y doce meses en barrica, se comercializan como vinos jóvenes, al no encajar —o no querer encajar— en categorías tradicionales que no reflejan su identidad territorial.
“La madera no define el vino; lo acompaña”, se insistió. “Aquí el foco está en la parcela y en el pueblo, no en la etiqueta de crianza”.
Leer también: Lugares para celebrar el Día de San Valentín en CDMX
En términos sensoriales, los vinos de Rioja Alavesa suelen presentar intensidad media de color, con tonalidades vivas y bordes definidos. Aromáticamente destacan por perfiles de fruta roja fresca, notas florales, hierbas secas, matices mentolados y, en algunos casos, recuerdos minerales o terrosos.
En boca, la acidez natural es uno de los rasgos más distintivos. Los taninos, generalmente finos y bien integrados, aportan estructura sin agresividad. Son vinos que privilegian la longitud y la persistencia sobre el impacto inmediato, y que muestran una clara vocación gastronómica.
“No son vinos pesados ni invasivos. La acidez les da recorrido y los hace más versátiles en la mesa”, se explicó durante la cata de vinos de Rioja Alavesa.
La mayoría de las bodegas de Rioja Alavesa siguen siendo proyectos familiares. En muchos casos, la bodega se integra físicamente a la vivienda, con calados subterráneos que datan de siglos atrás. La incorporación de nuevas generaciones ha traído consigo ajustes técnicos y una mayor apertura al enoturismo, pero sin romper con la tradición.
“No se trata de empezar de cero, sino de construir sobre lo que ya existe”, se señaló al hablar de proyectos como Artuke, donde la continuidad familiar convive con una visión contemporánea del vino.
Comparada con Rioja Alta o Rioja Oriental, Rioja Alavesa se distingue por un mayor énfasis en la frescura, la acidez y la expresión del lugar. Mientras otras zonas han sido asociadas históricamente a estilos más clásicos o más cálidos, Rioja Alavesa se posiciona como una región de precisión, diversidad interna y fuerte identidad territorial dentro de la DOCa Rioja.
En un contexto de transformación del consumo de vino, donde disminuye el volumen pero crece el interés por el origen y la historia detrás de cada botella, esta diferenciación adquiere relevancia. “Cada vez hay menos consumidores que buscan el Rioja genérico y más que quieren saber de dónde viene lo que beben”, se apuntó.
Rioja Alavesa no busca redefinir la denominación, sino aportar una lectura más precisa de ella. Una que pone al viñedo, al suelo y al clima en el centro del discurso, y que entiende el vino no como una categoría, sino como el resultado de un territorio específico. Hoy, esa lectura también puede explorarse en la Ciudad de México, donde los vinos de Rioja Alavesa encuentran un nuevo espacio para dialogar con el público local.
Recibe todos los viernes Hello Weekend, nuestro newsletter con lo último en gastronomía, viajes, tecnología, autos, moda y belleza. Suscríbete aquí: https://www.eluniversal.com.mx/newsletters