El perfume del chile poblano sazonándose en la cacerola junto a la manzana panochera, la pera leche, el durazno criollo y la carne picada anuncia la llegada de las fiestas patrias en las cocinas de México.
En la memoria culinaria de muchas familias, el picadillo del chile en nogada solía llevar pequeños cubos translúcidos y dorados que aportaban un brinco de dulzor y textura firme: el acitrón.
Sin embargo, el uso de este ingrediente constituye un delito federal desde el 2005, por eso la alta cocina contemporánea y los fogones del hogar han aprendido a evolucionar. Omitir este ingrediente no debe verse como una receta incompleta, sino que debemos entenderlo como un ejercicio de técnica, conciencia y respeto por el producto.

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El acitrón se elabora a partir del corazón de la biznaga dulce o tonel (Echinocactus platyacanthus), una cactácea endémica de los desiertos mexicanos que tarda entre 40 y más de 100 años en alcanzar el tamaño necesario para su procesamiento.
A diferencia de otros frutos, la extracción de su pulpa implica cortar la planta desde la raíz, lo que destruye el ejemplar de manera irreversible.
Por esta razón, la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) categorizó a esta especie en riesgo dentro de la NOM-059-SEMARNAT-2010. Además, la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER) restringió su extracción, transporte y comercialización desde hace dos décadas para frenar su sobreexplotación.
En el ámbito penal, el tráfico o consumo de productos derivados de esta especie protegida constituye un delito federal sancionado por el Código Penal Federal. Las sanciones abarcan de uno a nueve años de prisión y multas que podrían superar los 300 mil pesos.
El papel organoléptico del acitrón en el chile en nogada consistía en absorber los jugos de la cocción, ofrecer una mordida ligeramente firme que contrastara con la suavidad de la fruta frita y agregar notas almibaradas entre la acidez del jitomate y las especias.
No obstante, para que logres ese mismo equilibrio sin alterar la autenticidad del plato, existen alternativas gastronómicas de fácil acceso:
1. Chilacayote cristalizado
2. Papaya verde o calabaza cristalizada
3. Ate de membrillo, perón o guayaba
Los expertos en la cocina recomiendan que al preparar chiles en nogada en casa si utilizas frutas cristalizadas como el chilacayote o el ate, pruebes el picadillo antes de sazonar con azúcar o jerez, ya que estos ingredientes pueden aportar el dulzor de forma natural.
Recuerda que la magia de un picadillo tradicional reside en la armonía visual y táctil. Procura que los sustitutos tengan el mismo tamaño de picado que las manzanas y peras para que cada cuchara ofrezca una experiencia equilibrada.
Cocinar con responsabilidad es también una forma de honrar la gastronomía mexicana: reemplazar el acitrón es cuidar el entorno que nos da origen y, así, aseguramos que los platillos más emblemáticos de nuestra patria sigan vivos en la mesa por muchas generaciones más.
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