En 1974 las nevadas en Alemania provocaron por accidente la invención del Ice Wine, o vino de hielo, cuando los viticultores descubrieron que al vinificar las uvas congeladas que obtenían de su cosecha resultaba una extraordinaria variación de vino.

Este tipo de vino es peculiar debido a que el azúcar de las uvas se concentra una vez que estas se congelan, lo que le da un sabor esencial entre el dulzor y la acidez natural del vino. Actualmente Canadá es el mayor productor de Ice Wine a nivel mundial, pues por sus condiciones, permite que tipos de uva como Riesling o Vidal, se congelen a más de 35 grados brix. Se necesitan de cuatro a cinco kilos de uvas para producir una botella de 375 ml de Ice Wine que rinde para ocho copas.

El sommelier Ángel Rivas, expreso: “es un vino de sobremesa, va bien con una tabla de quesos muy maduros o azules. Con postres que tengan miel, frutas o helado. No se lleva bien con chocolate. Se bebe entre 6 y 8 ºC, en copas tulipán o jerezanas (pequeñas) porque no se sirve mucho”. 

Es recomendable consumir el Ice Wine joven, cuando su color es dorado pálido, pues, aunque puedes conservarlo por años, una vez abierto hay que consumirlo en menos de una semana. 

 

 

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