Desde que el Metro abre sus puertas, miles de mujeres pelean cuerpo a cuerpo por un espacio
El gusano naranja abre su enorme boca y se prepara para devorar a miles de hombres y mujeres que se preparan para iniciar el viaje.
Redacción
Dos horas después, ya no hay control
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Parece atraerlos cual imán. Y el gusano atípico, de cuerpo duro y no blando, los engulle sin parar. Uno a uno, sin parar. A estas alturas, ya en tropel
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El interior del gusano naranja, desde el esófago hasta la cola, pasando por su estómago, se va abultando hasta alcanzar el límite de su capacidad
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Y entonces, literal, hombres y mujeres se transforman en sardinas enlatadas que no pueden convivir cuerpo a cuerpo
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“¡Sólo mujeres! ¡Sólo mujeres!"...
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Y allá van ellas. Es de mañana y algunas parecen sentirse aún en casa y no dentro del gusano naranja
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Ya no hay espacio para los hombres entre ellas, pero siguen siendo muchas, cientas y cientas.