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Trata de personas, la otra amenaza para los centroamericanos en Tijuana
Dariela huyó de las pandillas y la violencia en Honduras, pero apenas cumplió un mes en Tijuana y también tuvo que escapar a Estados Unidos para no ser víctima de trata. (GABRIELA MARTÍNEZ. EL UNIVERSAL)

Trata de personas, la otra amenaza para los centroamericanos en Tijuana

11/01/2019
04:50
Gabriela Martínez / Corresponsal
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Con la caravana migrante llegaron adolescentes que han sido acosadas para ser reclutadas por las redes de explotación sexual en el país

Tijuana, B.C.

Zona Norte es una colonia enclavada en la frontera entre Tijuana y Estados Unidos, ahí una tienda de abarrotes lo mismo vende tortillas que droga. En esta región, es común ver un mismo escenario: hombres y mujeres consumiendo crystal o inyectándose heroína, merodeando entre edificios abandonados o los bares que además de alcohol, venden mujeres. En este agujero negro, es donde las autoridades locales concentraron poco más de 6 mil migrantes centroamericanos.

Hace dos meses, llegaron a Tijuana miles de migrantes desde Honduras, El Salvador y Guatemala, fueron recibidos entre el rechazo. A su arribo, las autoridades municipales les habilitaron, por unas tres semanas, un refugio en el Centro Deportivo Benito Juárez, localizado en Zona Norte. No hubo otra opción.

Entonces, en esta colonia los migrantes encontraron lo mismo de lo que huían: violencia. Con la caravana llegaron más de 2 mil mujeres, quienes han tenido que lidiar con una agresiva realidad: las adolescentes han sido amenazadas para ser reclutadas por las redes de trata, sin que nadie haga nada por salvarlas.

Dariela es una de ellas. Su rostro adolescente y su cuerpo esbelto la convirtieron en blanco. Huyó de las pandillas y la violencia en Honduras, pero apenas cumplió un mes en Tijuana y también tuvo que escapar a Estados Unidos para no ser víctima de trata.

Cuenta que una mañana despertó y salió del albergue para buscar de comer. Apenas había caminado media calle cuando dos hombres bajaron de una camioneta, primero la jalaron y la obligaron a meterse, la tomaron del cabello y la abofetearon, la amenaza y fue clara: “¡Aquí se viene a trabajar!”. Como pudo, huyó.

—Querían que me vendiera (…) me dio mucho miedo porque hasta ese momento no sabía a dónde nos habían metido—, recuerda Dariela mientras guarda ropa en su mochila, antes de cruzar a Estados Unidos.

Ese no fue su único incidente, apenas habían pasado un par de días cuando en una tienda de abarrotes fue nuevamente interceptada por los mismos hombres. Afuera era día de mercado sobre ruedas, aprovechó la multitud para intentar escapar, pero uno de sus captores se adelantó y le colocó un cuchillo en la espalda, se tragó el miedo y empezó a gritar, la gente la escuchó y la ayudaron.

—Me volvieron a amenazar con que me iba a trabajar en la noche o me iban a matar, mejor me fui. Logré escapar de mi país y no me vine a quedar aquí para ser prostituta.

De acuerdo con el último reporte de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en su Diagnóstico nacional sobre la situación de la trata de personas en México 2015, Tijuana es una de las 15 ciudades con mayor incidencia en trata de personas del país.

Tijuana constituye uno de los puntos de atracción a donde “son llevadas mujeres del sur y el centro del país, así como, en menor magnitud, de Centroamérica (…) Estas personas son trasladadas dentro de la región fronteriza norte hacia los Estados Unidos y también a lo largo de la misma frontera de México”, dice el documento.

“Hay que trabajar”

Marjorie es otra joven hondureña, apenas alcanzó la mayoría de edad. Es pequeña, delgada, su cara es la de una adolescente, pero aun así, con la inocencia en sus ojos, migró a Tijuana para no terminar asesinada por las pandillas de su país.

Hasta hace una semana, la joven aun dormía en “Contra Viento y Marea”, un segundo refugio que fue habilitado por organizaciones civiles. En este lugar, ubicado también en Zona Norte, y dentro de una bodega, residentes del área llegaron para amenazarlos.

Después de un operativo realizado por la Policía Federal para desalojarlos, Marjorie decidió irse con su novio, un joven de Tijuana que vive en esa misma área. La joven empezó trabajar en una tienda de abarrotes durante las noches, cuando funcionan las máquinas tragamonedas para apostar que existen en diversas tiendas.

—Es que el señor de ahí me dijo que él me cruzaba pal’otro lado, pero que le ayudara en la tienda. También me dijeron que si estaba aquí, hay que trabajarle en la noche, venderse pues, pero no quiero.

De esa bodega convertida en albergue salieron otro par de historias que narra Nery, un migrante hondureño, quien era coordinador de “Contra Viento y Marea” y apoyó con el trabajo operativo del refugio para centroamericanos.

—Se han metido una que otra vez, usan algunos hoyos que hay en la bodega, sí nos amenazan, pero no parecen presiones serias.

La única ocasión, dice, que si se tomó en serio las amenazas, fue cuando un par de extraños vigiló, persiguió y amenazó de muerte a un pastor cristiano, de nombre Celio, quien tuvo que salir bajo resguardo de la policía local y fue trasladado a Estados Unidos.

—Le estamos afectado a sus negocios [a los tijuanenses], imagínese, desde que llegó la caravana vinieron todas las corporaciones. Los que vendían diario ya no pueden.

Carne de cañón

En Zona Norte, corazón para la distribución de droga en Tijuana, fue donde el 14 de diciembre pasado dos jóvenes hondureños fueron no sólo asesinados, sino también torturados por narcomenudistas. Encerrados en un picadero, tres adolescentes, de entre 16 y 17 años, fueron ahorcados y apuñalados, sólo uno sobrevivió.

El director de Casa YMCA, un refugio para menores migrantes, Uriel Gonzáles, lo advirtió: los migrantes son carne de cañón para el crimen organizado.

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