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Chilpancingo.— El 2 de agosto, Gaudencio Mejía escribió en su cuenta de Facebook: “Amigos, amigas, con responsabilidad hago público que me contagié de Covid-19 (...) Ni a mis malquerientes les deseo esto. Estoy aislado, al excelente cuidado de mi familia, con medicina tradicional y alópata. No se preocupen, no voy a perder esta batalla”.
Catorce días después, murió a causa del virus.
Gaudencio era el director de la estación de radio XEZV, La Voz de la Montaña, del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI). Había sido nombrado en el cargo apenas en abril pasado.
Meses antes, colaboraba con el director del INPI, Adelfo Regino, en la Ciudad de México.
Él mismo le había pedido que lo nombraran director de la radio porque, de esa forma, regresaba a la Montaña, luego de muchos años de vivir lejos.
Su trabajo como defensor de los pueblos originarios lo había puesto en otros lugares: en 1994 fue el representante de Guerrero en el primer Congreso que organizó el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).
Después se convirtió en observador de derechos humanos de la Misión de Verificación de las Naciones Unidas en Guatemala (Minugua); estuvo en El Salvador como consultor en Derechos Humanos del Pueblo, en el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo del Alto Comisionado para los Derechos Humanos, en la Defensoría del Pueblo.
Con la radio, planeaba quedarse a vivir en Tlapa; había encontrado un proyecto y, sobre todo, un reto: La Voz de la Montaña.
A la radio la conocía bien, creció escuchándola. Incluso, recordaba en pláticas cómo en 1979, cuando era niño, vio al gentío que se aglomeró cuando llegó a Tlapa el expresidente José López Portillo a inaugurarla.
“La idea es venir a fortalecerlas [las radios comunitarias]. Hay muchos problemas, hay un personal diminuto, se necesita invertir en tecnología. El futuro nos alcanzó y la radio se quedó en el pasado, necesitamos modernizarla”, dijo Gaudencio en una entrevista, días después de que tomó protesta como director del medio de comunicación.
Buscaba una reestructura en la programación, una de sus prioridades era establecer un sistema informativo para los pobladores de la Montaña.
“Estamos planteándonos un sistema de información regional, en el que podamos incorporar a gente de los pueblos que esté informando qué está pasando ahí. Necesitamos que la radio sea protagonista en la información en la Montaña”, explicó.
Gaudencio conocía perfectamente el contexto de la Montaña, pues era su contexto.
Sabía que en los pueblos de esa región, la gente no tiene acceso a los medios de comunicación, puesto que son lugares donde no llega el periódico, no hay internet y las personas no tienen televisor, por lo que, muchas veces, su única opción es la radio.
En la agenda que se planteaba Gaudencio estaban los migrantes e incluir programas para que conocieran sus derechos, pero también que el medio de comunicación se convirtiera en un vínculo con quienes se quedan.
Y así lo estaba haciendo el comunicador hasta antes del 2 de agosto: recorría comunidades y pueblos para conocer cómo estaban pasando la pandemia. Era La Voz de la Montaña.
Taurino Rojas es primo de Gaudencio. Los dos se formaron en la lucha social, en la defensa de los pueblos originarios, así como también en la fundación del Consejo Guerrerense 500 años de Resistencia Indígenas.
En los últimos meses, recuerda Taurino, se frecuentaban para comer juntos y platicar. El tema recurrente era la radio. Él le contó que estaba elaborando un proyecto integral para rescatarla: quería modernizarla, incrementar el personal, comprar equipo, restaurar el edificio.
Lo que no sabe Taurino es si ese proyecto llegó a las manos del director del INPI.
La mañana del 16 de agosto, Gaudencio murió en la Ciudad de México, después de haber estado internado más de 15 días en el Hospital 20 de Noviembre.
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