20 | ENE | 2020
3G Agro Ponchos
La empresa 3G Agro Ponchos produce aceite de coco, vinos artesanales, jabones y papel; toda la materia prima es recolectada de la comunidad Pedro Sánchez Magallanes, que se localiza en el municipio Cárdenas, Tabasco. Fotos: LUMA LÓPEZ. EL UNIVERSAL

Emprendedor. Buscó paliativos y halló una empresa

15/12/2019
01:48
Leobardo Pérez Marín / Corresponsal
-A +A
Carlos Alfonso García Pérez conoció de los beneficios del aceite de coco, después de que en 2013 fue diagnosticado con diabetes mellitus

Villahermosa, Tabasco.- En 2013 a Carlos Alfonso, de profesión ingeniero industrial, le diagnosticaron diabetes mellitus. En poco tiempo bajó casi 80 kilos y, a pesar de tomar sus medicamentos, no siempre tenía ánimo para levantarse. Fue así que decidió buscar en frutos de la zona un complemento para recuperar su vida, de esta búsqueda nació una industria que le permitió controlar su enfermedad y dar trabajo a su familia.

Carlos Alfonso García Pérez, don Poncho, registró su empresa con el nombre de 3G Agro Ponchos, y produce aceite de coco, vinos artesanales, jabones y papel.

Don Poncho nos recibe en su vivienda, la que ha convertido en su lugar de trabajo. Comenta que en la pequeña empresa participan su esposa, su hija, su nieto y su yerno. Explica que la rápida pérdida de peso por la diabetes lo orilló a buscar remedios caseros para sobrellevar su enfermedad. Fue así como leyendo en internet supo que el aceite de coco era una opción, por lo que decidió aprender su elaboración para no comprar los que ya se comercializaban.

“Entonces me puse a estudiar, ver que podía contrarrestar la diabetes, porque ya estaba tomando medicinas; el doctor me dio fármacos y me dijo que no los dejara de tomar nunca, pero bueno, dada mi inquietud me puse a investigar qué es lo que me podía quitar esa enfermedad”, señala.

Relata a EL UNIVERSAL que en ese tiempo buscó toda la información posible y llegó a la conclusión de que con el aceite de coco se podía contrarrestar este padecimiento. “Bueno, yo digo, caray, en nuestra tierra tenemos mucho de eso [coco], ¿verdad? Lo único que me quedó fue elaborarlo yo mismo, hacerlo yo mismo, por lo que me di a la tarea de ir y buscar el coco, allá en Sánchez Magallanes [municipio de Cárdenas] y empezar a hacerlo y, bueno, aprendí a procesarlo hasta obtener el aceite de coco”.

ponchos_eluniversal_0.jpg
Los vinos artesanales que más piden son los de carambola, jamaica y maracuyá, los cuales se comercializan en el Instituto Tecnológico Superior de Comalcalco y en tiendas de la Canaco.
 

Ya encarrerado…

Luego del aceite, Carlos Alfonso se dio cuenta de que sobre la carretera Villahermosa-Coatzacoalcos había muchas viviendas en cuyos patios tenían árboles frutales de maracuyá, guanábana, carambola y mango, por lo que se le ocurrió que también podía convertirlos en vinos y así ayudar a esas familias que tienen esas frutas y no las aprovechan; entonces comenzó a investigar y documentarse hasta que logró la receta ideal para crear vinos artesanales.

“Una vez que ya me estaba reponiendo de la enfermedad, cuatro años después, me fui a hablar con la gente que tenía esos árboles de carambola, mango, maracuyá y les dije que les compraba la producción, pero ellos no se entusiasmaban, decían que sólo era un árbol, y les comenté que no importaba, incluso ofrecí que yo los cortaba, entonces hablé con mi yerno, cortamos la carambola, el maracuyá, donde la gente quisiera, con el mango también hicimos lo mismo y me puse a elaborar vinos”, indica.

Ahí junto a su esposa y su yerno, quienes trabajan de manera directa con él, don Poncho cuenta que los vinos artesanales que más piden sus clientes son los de carambola, jamaica, tamarindo y maracuyá, aclara que sólo les pone un poco de alcohol, porque el objetivo es que sean consumibles para toda una familia.

Nada se desperdicia

Pero don Poncho sentía que algo faltaba, y fue como se dio cuenta de que toda la cáscara de esa fruta que utilizaba se estaba desperdiciando, fue como le nació la idea de aprovecharla y convertirla en papel, aunque al principio tampoco sabía cómo, gracias al internet aprendió una técnica casera en la que también involucró a su familia.

“El papel lo utilizo para forrar los jabones, y si las personas tiran el papel éste no se contaminará nada, porque una vez que toca el suelo y le cae un poquito de agua se desintegra, no se ve que haya nada. Con ese material se hacen unos bonitos diplomas, reconocimientos, invitaciones para XV años y bautizos, en este caso lo utilizamos para forrar los productos que hacemos”, detalla.

Ahí mismo mostró cómo la composta o cáscara de las frutas las coloca dentro de un recipiente con agua y algo de resistol; la desmenuza por completo y luego la sumerge en unos bastidores donde sólo queda el residuo que es colocado sobre una sábana blanca y se pone al sol, y así al final se obtiene el papel reciclable.

Don Poncho, quien tiene 61 años, dice que no estudió nada de estos procesos, pero ha leído e incluso relata que a veces por las madrugadas le llegan las ideas y en ese momento se despierta y las elabora.

ponchos_eluniversal_1_0.jpg
El empresario aclara que en la elaboración de vinos utiliza poco alcohol, ya que el objetivo es que toda la familia pueda consumirlos sin problema.
 

“Soy ingeniero industrial, tengo la inquietud, la búsqueda, todo eso sí lo puedo hacer, lo que no sabía era cómo hacer los vinos, cómo hacer el papel ya en forma física, pero me pongo a estudiar, siempre me levanto de madrugada, a las tres o cuatro de la mañana, si me surge una inquietud y empiezo a estudiarlo, a leerlo y a releerlo”, refirió.

“Trabajan aquí mi esposa, mis hijas, mi yerno y hasta mi nieto me ayuda en esto, porque me ayuda a exprimir el coco pero con eso estoy propiciando que una nueva generación pueda continuar, esto me está dando mucha satisfacción”, cuenta don Poncho, quien se dice orgulloso de que sin la ayuda del gobierno ha logrado levantar una pequeña empresa.

Ahora comercializa en el Instituto Tecnológico Superior de Comalcalco, en tiendas de la Canaco y en ferias estatales vinos artesanales de jamaica, carambola y cacao; crema de cacao; mermeladas de maracuyá y productos de aceite de coco, como jabones, cremas exfoliantes y corporales, bálsamo labial, aceites de coco, carbón activo y papel. Sus costos son accesibles y cada vez, dice don Alfonso, se consumen más.

“Hay extranjeros que quieren el jabón y el aceite de coco y con gusto se los vendo. Estoy por recibir a unas personas de Austria que quieren los productos que nosotros elaboramos, vivimos bien”, cuenta don Poncho.

Se recomienda no dejar el tratamiento

El doctor especialista en el tratamiento de la diabetes Sandro Arias advierte que las personas que dejan el tratamiento médico y sólo consumen medicina alternativa o yerbas podrían tener consecuencias a su salud.

“Lo ideal sería continuar el tratamiento y si quieren tomar yerbas lo pueden hacer, pero no suspenderlo porque las consecuencias son complicadas; luego puede presentarse la insuficiencia renal, nefropatía, retinopatía y neuropatía diabética, entonces es muy complicado dejar un tratamiento y solamente quedarse con yerbas y luego se controlan. Te puede mejorar en algunas cosas, pero en otras te empeoras”, indica el especialista.

Sandro Arias asegura que no es recomendable dejar el tratamiento, aun cuando una buena dieta y el ejercicio puedan mantenerlo estable, siempre es mejor tomar el medicamento y acudir cada mes a un chequeo.

Sin embargo, el empresario Carlos Alfonso García Pérez platica que de la diabetes ya no se acuerda, porque —según dice— el aceite de coco lo mantiene estable, ya que todas las mañanas come su pan bañado con aceite de coco que él mismo produce.

“El doctor me decía que no iba a dejar de tomar el Janumet —medicamento— que es para controlar el azúcar (diabetes), empecé a tomar el aceite de coco y realmente ahorita no tomo esos medicamentos; yo estoy totalmente estable y no tengo nada, ando con el azúcar normal, pero no dejo de tomar el aceite de coco”, concluye don Poncho.

TEMAS RELACIONADOS

Mantente al día con el boletín de El Universal

 

Comentarios