Tixtla.— El jueves pasado, a Ayelin Iczae Gutiérrez Marcelo y su madre, Flora Marcelo, sólo las separaba un kilómetro de distancia.

Flora estaba en su negocio de recolección de botes de plástico sobre la, y Ayelin en su casa haciendo la tarea de segundo grado de secundaria, en la colonia La Candelaria.

Eran las tres de la tarde, cuando Flora llamó por teléfono a Ayelin; acordaron verse sobre la carretera para ir a comer juntas.

La pequeña tomó un atajo para llegar más rápido: se metió a la barranca Chichipico, que cruza la colonia hasta la carretera federal.

Sin embargo, ese día, Ayelin nunca llegó al punto final de la barranca. Desapareció.

La búsqueda dio un giro el día de ayer, cuando a la casa de Ayelin llegó uno de sus tíos, quien se enteró de la desaparición.

Preguntó dónde habían visto por última vez a la adolescente y cómo ocurrieron los hechos. Después, decidió recorrer la barranca, ese mismo camino en el que durante cuatro días familiares, amigos, vecinos y estudiantes de Ayotzinapa buscaron meticulosamente sin éxito.

El tío apenas se adentró 400 metros en la barranca, cuando un olor intenso lo hizo detenerse, dio unos pasos hacia el monte y halló a Ayelin.

En la casa de la niña se preparaban para ir a bloquear la carretera federal para exigir a las autoridades que intensificaran la búsqueda, cuando el tío llamó para informar que en la barranca estaba la niña, muerta, mutilada.

La sospecha

Luis Gutiérrez Gatica, el padre de Ayelin, dice que esa barranca, desde el viernes hasta la noche del domingo, la recorrió por lo menos cuatro veces, todas con cuidado, buscando el mínimo detalle, pero no halló nada.

Del jueves hasta el lunes buscaron por toda la colonia, por cerros, por otras barrancas y nada. Luis dice que insistieron en ese sitio porque fue por donde caminó por última vez la niña, porque agentes de la Fiscalía General del Estado (FGE) rastrearon la señal del teléfono celular y la última actividad que registró fue justo en medio de ese sitio.

Luis tiene la sospecha de que a su hija nunca la sacaron de la colonia y que, en el momento en que relajaron la búsqueda para organizar el bloqueo, dejaron el cuerpo de Ayelin en la barranca.

“El cuerpo estaba sobre el camino, por donde pasamos muchas veces, ahí no le hicieron nada, solo la fueron a dejar porque si no el monte estuviera revuelto, pero todo estaba acomodado, hasta sus tenis los dejaron ahí bien acomodados”, dice.

En cuanto corrió la noticia del hallazgo de Ayelin, la colonia La Candelaria se llenó de patrullas de policías ministeriales, estatales, municipales, de Protección Civil y peritos del Servicio Médico Forense (Forense).

Es una colonia nueva, hace dos años comenzaron a llegar los primeros vecinos. Para entrar hay que meterse por una desviación en la carretera federal, se cruza la colonia 6 de Noviembre y cuando termina el pavimento y se topa con las calles de tierra, ahí es La Candelaria.

En este territorio abundan las casas de paredes de madera, de lámina o algunas de tabiques parchadas con láminas. Además, las viviendas no cuentan con drenaje ni agua potable. La casa de Ayelin no es la excepción.

Con su corta historia, La Candelaria ayer lunes conoció el horror de la violencia que habita en Guerrero.

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