Cancún.- Ostentando su cargo como representante del Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur) en Cancún, Raúl Bermúdez Arreola amenazó e intimidó a personal del , en la zona hotelera de esta ciudad. Con el pretexto de la supuesta violación de sus derechos como condómino e incluso como “autoridad”, amagó con clausurar, sin facultad alguna, el gimnasio que opera en el complejo habitacional.

El funcionario público advirtió que usaría su poder para "poner en su lugar", "de cabrón a cabrón", al trabajador que intentó explicarle que no podía modificar las restricciones de aforo del gimnasio —definidas por el Comité de Vigilancia del residencial con motivo del coronavirus— ni descontarle la mensualidad a él y a quienes no alcanzan lugar para ingresar a su gusto.

Los detalles de la conversación entre el empleado y el funcionario se escuchan en una grabación telefónica, cuyo contenido fue reconocido por el director general del Fonatur, Rogelio Jiménez Pons, quien consideró que se trató de un “problema doméstico” entre condóminos y aseguró que Bermúdez ya estaba ofreciendo disculpas.

“Ya se está disculpando con los del gimnasio y demás vecinos. Es un problema doméstico, donde, sin duda, se equivocó y actuó prepotentemente.

“Ya se comprometió con todos sus compañeros y colegas a evitar tal comportamiento que afecta la imagen de la institución”, dijo Jiménez Pons en entrevista con EL UNIVERSAL.

Aseguró que Bermúdez será amonestado y “está advertido”.

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Bermúdez Arreola, originario de Tabasco y amigo cercano de Jiménez Pons, acumula varias quejas de habitantes de otros residenciales en la zona hotelera, que le reprochan “prepotencia” y “altanería”.

Al respecto, el director general del Fonatur manifestó que es un buen elemento, que como encargado de despacho “resuelve bien” y consideró que las otras quejas pueden ser alentadas por motivos distintos.

Al referirse a su altercado más reciente, dijo que “fue una calentura de alguien que salió, se levantó de mal humor y perdió la cabeza. Así sea ‘Juan de las pitas’, (él) no puede asumir un ‘yo soy el mandamás’, como sale cualquier borracho de cantina; eso está pésimo y eso nadie lo justifica. Si se repite esa conducta, por muy bueno que sea, no será suficiente para mantenerlo”, sentenció.

“De cabrón a cabrón”: Bermúdez

En el audio en poder de este medio, se escucha cómo Bermúdez se queja de las reglas acordadas por el Comité de Vigilancia del exclusivo residencial con el empleado que responde su llamada y pretende que se igualen a las aplicables en todos los gimnasios del estado.

“Vivimos 900 casas por cuatro personas, estamos hablando de tres mil 500 personas para 25 espacios del gimnasio que se dan diario, pero eso ya no está sucediendo en todo el estado; o sea, ya son reglas exclusivas de Isla Dorada porque todos los demás gimnasios de todo el estado, desde que cambiamos, cambiaron sus reglas”, le dice, respecto a la modificación del color del Semáforo Epidemiológico.

Luego le expone que de los 25 o 26 espacios permitidos, 18 siempre consiguen lugar.

“Son afortunados, de que no sé cómo le hacen porque yo me despierto a las 4 de la mañana pa’ tratar de reservar y ya está reservado”, se queja.

En consecuencia, Bermúdez le propone cobrar el 100 por ciento del servicio de gimnasio y spas a las 26 personas que accedan al sitio y, al resto, descontarles proporcionalmente, del mantenimiento, ese servicio, para dejarles en libertad de acudir a otros centros deportivos.

“Porque está ridículo. O sea, estoy de acuerdo en la pandemia y todo eso, pero si las reglas de aquí son diferentes a las demás de la Secretaría de Salud del estado, pues ya es porque tienen preferencias y entonces no estoy de acuerdo en que esas 26 personas que tienen derecho y uso, las demás 900 casas tengamos que hacer el pago de sus servicios.

“Entonces, por favor, por lo menos a mí ¡exclúyeme! Yo quiero ir a un gimnasio en donde me acepten”, le dice.

El empleado, intenta explicarle que el gimnasio abre las 24 horas y cuando está por explicarle el manejo del aforo, es interrumpido abruptamente por el funcionario, quien descalifica las reglas e insiste en que se cobre a los usuarios permanentes.

“Una de ellas es mi mamá, por ejemplo”, acota.

“Están mal tus reglas (…) Tus reglas ya son exclusivas. Todos los demás condominios, lo sé porque trato con ellos, no te estoy hablando a lo güey, por mi posición en Fonatur me toca hablar con todos los condominios y ya abrieron sus gimnasios, con diferentes reglas, pero no exclusivas para 26 personas de entre 3 mil y tantas.

“Entonces, ¿qué tienes que hacer? O lo cierras y nos descuentas eso hasta que lo vuelvas a abrir o hazlo parejo porque no es justo”, presiona, ya alterado.

El empleado, calmado, nuevamente intenta explicarle que es el Comité de Vigilancia de Isla Dorada —integrado por los mismos condóminos— el que acordó esas reglas, por lo cual él no tiene injerencia.

“Sí, pero ya se terminó esa emergencia, ya no estamos en rojo. ¿Lo entiendes? O sea, tus reglas no pueden ir contra mis derechos. ¿Ya me entendiste? Ya se acabó. Ya no hay una pandemia que justifique lo que estás haciendo, entonces me vo’ a amparar”, amenaza.

El empleado le dice que puede recurrir a esa medida y el funcionario, se altera más y su amago escala: “Y también así me voy a poner, cabrón. O sea, de cabrón a cabrón, yo también tengo cómo hacerle”.

Su interlocutor le hace ver que no le está faltando el respeto, pero Bermúdez le grita y le aclara que le está hablando “como autoridad”.

El trabajador le dice que para él no es una autoridad, sino un condómino al que debe brindarle atención. “Sí lo soy”, le responde el funcionario, quien le advierte “y te lo voy a demostrar”.

“Te voy a demostrar para que veas cómo sí se puede; también así como tú eres, te voy a apretar (…) te lo estoy diciendo directamente”, le sostiene, pidiendo ya hablar con el presidente del Comité de Vigilancia, Juan Pablo Gutiérrez.

“Yo sí te voy a poner en tu lugar y esto es por Fonatur, ¿eh? Por Fonatur necesito ver a quien tenga autoridad aquí”, le aclara, para luego mencionar que hay problemas con los accesos a Isla Dorada y con la Isla II y agrega que, si no es atendido, “voy a tener que cerrar”.

El trabajador le hace saber que la llamada fue grabada y le reitera que nadie le ha negado el acceso al gimnasio y que puede reservar cuando guste. Bermúdez lo celebra: “¡Perfecto!, ¡qué bueno! Ponlo todo”.

afcl/jcgp

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