Nueva York.— Pasaron dos años desde que Manele Labadi habló con EL UNIVERSAL en la terraza del Lido veneciano en la que estrenó su película Tardes en el diván hasta que llegó a las salas de México, donde se podrá ver a partir de mañana.

Esta comedia dramática aborda con picardía el choque cultural que se produce cuando el mundo occidental y el musulmán se encuentran.

Es un filme que habla de las tierras prometidas, las que los inmigrantes dejan por diversas razones y cuyos hijos, muchas veces, idealizan y sueñan con volver para encontrarse con situaciones y realidades de las que sus padres olvidaron hablarles.

Túnez, la tierra que dejaron atrás
Túnez, la tierra que dejaron atrás

Rodar en Túnez, añade Labadi, fue un claro ejemplo de las dificultades a las que se encuentran los que vuelven.

“Cuando dije que quería filmar ahí, me decían: ‘eso será difícil porque el equipo de allá no te va a respetar, tú creciste en Francia, no sabes cómo se manejan las cosas en Túnez, además eres joven…’ Había tantos obstáculos, pero lo hice porque inconscientemente quería hacer un tributo a un país que mis padres dejaron’, explicó.

Mujer de Occidente

El personaje de Selma es una siquiatra que regresa a Túnez para montar su consultorio y tendrá que lidiar con pacientes nuevos y los problemas ocasionados por sus diferencias culturales, retrata a una mujer soltera, fumadora y que vive sola; se convierte así en un reflejo de las fantasías de una sociedad que no permite esas cosas.

“El sicoanálisis en Túnez no está muy desarrollado, sólo en las zonas adineradas, así que hice una película que mostrara a una chica que lleva ideas occidentalizadas a un lugar en el que sí se conoce el tema pero hay cierta reticencia hacia él. No quería centrarme en el choque de culturas sino en cómo hay cosas que son universales para todos: cómo criar a sus hijos, lidiar con los problemas de género. Claro, está el tema político y social pero eso es sólo el entorno de la película, no el centro”.

Para Labadi, el sentido del humor era esencial para retratar la vida cotidiana en Túnez.

“No quería que fuera una película oscura y la comedia se convirtió en un arma para abordar estos asuntos sin manipular a la gente”, aseguró.

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