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Entre vinos, comida francesa, bailes improvisados y un anciano imposible de complacer, “Me llamo Agneta” construye una comedia cálida sobre la posibilidad de empezar de nuevo incluso cuando parece demasiado tarde para hacerlo.
La película sigue a Agneta, una mujer sueca de 49 años que decide abandonar la rutina que domina su vida y trasladarse a la Provenza francesa tras encontrar un anuncio en el que buscan a alguien que hable sueco. Lo que parece una oportunidad para cambiar de aire pronto se convierte en una experiencia mucho más caótica de lo esperado.
Al llegar, descubre que no cuidará a un niño, sino a Einar, un anciano con demencia y cuya personalidad caprichosa termina por alterar por completo la vida tranquila que ella imaginaba.
Parte del encanto de la cinta está en la relación que se construye entre ambos personajes. Aunque Einar no es precisamente amable ni sencillo, su manera frontal de enfrentar la vida empuja a Agneta a salir de la apatía en la que llevaba años instalada.
Lejos de su hogar, la protagonista comienza a redescubrir aspectos de sí misma que había dejado atrás entre el trabajo, la rutina y la distancia emocional con su familia. La película encuentra esos momentos de transformación en detalles simples: aprender a bailar, disfrutar de una comida sin prisas o permitirse volver a sentirse deseada.
“Me llamo Agneta” apuesta por un humor discreto y personajes entrañables para hablar sobre segundas oportunidades, independencia y la posibilidad de reinventarse en cualquier etapa de la vida, todo enmarcado por los paisajes y la calidez de la Provenza francesa.
La cinta es protagonizada por Eva Melander y Claes Månsson.
Dónde ver: Netflix
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