Cantante compositora y​ productora de 37 años, le rinde tributo a sus raíces no es una perfeccionista. La manía que muchos artistas -y también un montón de humanos que se dedican a otros menesteres, vale aclarar- consideran una virtud nunca la persiguió gracias a la sabiduría de una madre tierna y comprensiva.

Lo cuenta ella: "Tuve un accidente a los seis años que implicó mucho tiempo de rehabilitación y que no pudiera ir a la escuela. Eso lógicamente afectó a mis calificaciones: siempre era la última, la que no ganaba ningún diploma o no tenía nunca un 10.

Pero mi mamá me decía siempre: Natalia, por favor, no quiero que hagas las cosas para lograr el reconocimiento de nadie. Debes hacer todo el esfuerzo que puedas, si eso alcanza para tener un 6 o un 7, está bien, a mí me da igual. Tú ya eres la que eres, entonces ponle todo el amor a lo que hagas, pero no te vayas a entristecer porque no traes a casa un boletín con muchos 10. Eso se quedó muy incrustado en mi forma de trabajar, el hecho de no preocuparme tanto por el reconocimiento, sino porque lo que hago quede bonito, real, honesto, que me emocione, que me pare los pelos", señaló.

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Esa, dice, es su referencia. Valora el reconocimiento porque la hace pensar en todo el trabajo que hay detrás. Pero sabe que todo es muy subjetivo y contrastante en la vida.

"Siempre habrá artistas mucho más geniales que yo. Y lo llevo como lo que es, no significa nada más que eso. Cuando me llega el reconocimiento, pienso de inmediato en el equipo de trabajo que me acompaña, que lo da todo. La vida sigue, y hay que hacer más cosas".

Natalia Lafourcade recuerda el accidente que sufrió y cómo fue que la música la salvó
Natalia Lafourcade recuerda el accidente que sufrió y cómo fue que la música la salvó

Foto: archivo

La vida sigue. Eso habrá pensado también María del Carmen Silva Contreras, la mamá de Natalia, cuando tuvo que afrontar el trago amargo de aquel accidente que sufrió su pequeña hija.

Todo empezó con la voluntad de cumplir un deseo de la niñita, que hacía tiempo venía soñando con montar un caballo. De pronto ese sueño se transformó en pesadilla. Y fue la propia María del Carmen, una avezada pedagoga musical, la que inventó un plan de enseñanza destinado a revertir las dificultades de habla y movimiento de su hija: (por sus propias iniciales, claro) -basado en la música para alcanzar un aprendizaje idóneo- fue el renacer de Natalia.

Toda esta historia que la cantante, compositora y productora musical mexicana de 37 años va hilvanando con la precisión quirúrgica de una excelsa narradora desde su casa en viene muy a cuento.

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Sirve para entender la sólida carrera que tiene, casi veinte años en el candelero de la de proyección internacional, desde aquel debut homónimo de 2003 que nos regalaba "En el 2000", un himno generacional enfocado en la devoción por los ídolos juveniles del tipo y la pérdida de la inocencia, compuesto y cantado por una chica de 18 años que ya había superado varios traumas y estaba dispuesta a seguir creciendo.

"La música tiene poder, tiene fuerza, hace de las suyas -dice ahora-. Eso es muy mágico, me gusta mucho. Nunca sabes qué efecto va a provocar en aquel que la recibe, cómo se va a transformar el mensaje que enviaste, pero a mí la música me salvó. Ha sido medicina en trances difíciles y estuvo siempre, en momentos lindos y no tan lindos. Vivo por ella y para ella".

Lafourcade lanzó en junio último "Un canto por México, Vol. 2", con nuevas grabaciones que incluyen clásicos mexicanos y reversiones de su propia obra Observar de cerca el proyecto que promueve, Un canto por México, cuyo Volumen II, acaba de aparecer, editado por , ayuda a creerle.

La tarea de rescate del son jarocho, uno de los géneros tradicionales más ricos y enigmáticos de la música mexicana, ha sido titánica, pero ha dado excelentes resultados: ya se recaudaron más de cien mil dólares cuyo destino final es la reconstrucción del , un espacio cultural inaugurado en 1998 y destruido por un .

La convocatoria que lanzó Lafourcade es un éxito en términos de rendimiento económico -con un fin indiscutiblemente filantrópico-, de poder simbólico -se sumaron a la cruzada grandes artistas como , y - y de resultado artístico: este segundo volumen tiene muchos pasajes preciosos.

Agotada de la exigencia física y mental de las largas giras que llevó adelante en los últimos cinco años, esta singular artista mexicana resolvió ahora tomarse un tiempo para descansar en su casa y trabajar con tranquilidad en las canciones de un próximo disco. "Obviamente, con la todos extrañamos los shows en vivo, pero creo que voy a esperar hasta 2023 -anuncia-.

Mi máxima aspiración ahora es crear, conectar con la música desde el estudio, desde mi hogar. Necesitaba mucho volver a mi casa. Si pudiera hacer un click y estar sobre un escenario, lo haría. Pero son muchos los pasos que hay que dar para llegar ahí, así que prefiero volver en un tiempo".

Aprender en casa, más allá de su rol como arqueóloga de la gran tradición de la música popular mexicana, Lafourcade también es una artista ocupada en las vicisitudes del país que la vio nacer, una caldera en plena ebullición desde hace años.

Golpeado por la crisis económica y la violencia del narcotráfico, México intenta hacer pie de nuevo de la mano del gobierno de , aunque la tarea no parece nada fácil. "Está el ánimo de luchar para salir adelante, para estar mejor, pero por otro lado también hay mucha incertidumbre y una gran frustración que estamos experimentando muchos de nosotros y nosotras -resume Natalia-.

Natalia Lafourcade recuerda el accidente que sufrió y cómo fue que la música la salvó
Natalia Lafourcade recuerda el accidente que sufrió y cómo fue que la música la salvó

Foto: archivo

Hay muchos problemas que no se solucionan: temas de violencia, temas de género, temas de educación, temas de seguridad... Hay cosas que van mejorando lentamente, pero queda muchísimo trabajo por hacer. Estamos alertas, ansiosos porque las cosas cambien. Y estamos cerca de votar otra vez, de pedir porque el país tome el rumbo adecuado.

abemos que nuestros gobiernos suelen fallar, que el sistema político suele fallar, que está fracturado, que hay corrupción e injusticias, pero hay muchas personas inquietas que quieren aportar algo positivo y eso se ve: el país está mucho más despierto, más consciente, se habla de cosas de las que antes no se hablaba, se ponen las temas sobre la mesa, se debate. Todo eso forma parte de una evolución".

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Mientras piensa todo esto -su carrera, su país, su presente, su futuro-, Natalia fija la vista en un punto distante, deja de mirar directo a la cámara del para construir esa cercanía ficticia que la pandemia impuso como moneda corriente. Y viaja una vez más al pasado para recordar a esa mamá que la salvó y la hizo más fuerte, a ese papá clavecinista y también pedagogo -Gastón Lafourcade- que hoy con 86 años sigue dando clases de música y al que ella define como "un apasionado".

Y en ese trayecto veloz recuerda cómo era su día a día cuando todavía no imaginaba el lugar que ocupa hoy: "Aprendí todo en mi casa. Crecí yendo a la escuela por la mañana y viendo a mis padres dar clases por la tarde. Y tengo con ellos una relación muy fuerte, un vínculo muy particular porque nunca terminé una formación de escuela estricta. Ellos fueron y son mis maestros.

Siempre me fue ganando la necesidad de crear y de ir avanzando al mismo tiempo en el que iba a aprendiendo cosas. Mi papá quería que estudiara cello, pero me dio libertad para elegir, yo armé mi carrera a mi manera y aquí estoy. La libertad es todo. Si no te la dan, debes buscarla. Si te la dan, hay que aprovecharla".

mlc

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