Durante horas, el tercer y último día del fue un desfile interminable: disfraces, outfits temáticos y atuendos escandalosos iban y venían por todo el Autódromo Hermanos Rodríguez; sin embargo, al caer la noche algo cambió. Los asistentes se rindieron ante la música y el festival se convirtió en una pista colectiva.

En el escenario Circuit Grounds, cerca de las 19:00 horas, el set de Jigitz dio inicio a la fiesta. Las mezclas del Dj atrajeron a un público diverso: bailarinas de ballet, "seres de otro mundo" y hasta un Deadpool bailaron al ritmo de los beats, mientras que los flashes de las cámaras y celulares se unían a las luces de la producción.

A esa misma hora, el BoomBox Art Car se convirtió en uno de los puntos con mayor afluencia. Y es que Amenti logró lo que, en estos momentos, parece imposible: que mexicanos y extranjeros ignoraran las nacionalidades, culturas y cualquier barrera, y convirtieran a la música en su único idioma. Sobre la multitud, un cartel con un changuito usando lentes oscuros resumía el momento en una sola instrucción: “Báilale”.

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Poco Novah hizo lo propio en el escenario Stereo bloom. En lo alto ondeaban banderas de Venezuela y México sostenidas por asistentes que bailaban sin pausa. Cerca, otro letrero declaraba: “Hay cosas que cambian tu vida. El trance es una de ellas”.

El tránsito se volvió lento, casi imposible. Para esa hora, el público ya no se desplazaba entre escenarios: se quedaba en ellos. La diferencia con las horas previas era visible. Si antes dominaban los celulares en modo selfie, ahora la cámara apuntaba al escenario y la energía ya no se sentía individual.

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