Espectáculos

Juan Carlos Remolina recrea las trampas del político

El actor interpreta a Sebastián Caballero en la serie "Promesas de campaña", que considera una llamada de atención a las malas mañas

Para su personaje se inspiró en los funcionarios del porfiriato. Foto: CLARO VIDEO
26/06/2020 |00:16
Nicole Trejo
Reportera de la sección EspectáculosVer perfil

“Sebastián Caballero es todo lo que podemos ver de malo en un político”, así define Juan Carlos Remolina a su personaje en la serie Promesas de campaña, en la que se hace una sátira de la política en general.

Las trampas, la simulación y la mafia son características que engloban al político que Remolina interpreta y para hacerlo no hubo un referente de una persona viva o actual sino que se inspiró en los políticos del porfiriato.

“Es un personaje añejo, más que añejo, rancio, sus formas, caminar con bastón y traer anillo en el dedo meñique y peinarse perfectamente, con todo este juego de ser de un grupo social antiguo, de la gente que se quedó con ciertas formas de antaño”, detalla Remolina.

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La personalidad impostora de Sebastián Caballero es una de las especialidades del actor, quien desde pequeño aprendió a conocer a este tipo de personas.

“Por razones de mi infancia estuve bastante relacionado con gente que tenía un estatus sociocultural muy notable, doctores, diputados, abogados, licenciados, entonces aprendí mucho de la personalidad de esta gente y a discernir cuáles de ellos eran puro cuento, poniéndole las formas del hombre bien educado, culto, que son sólo par apantallar”.

La historia, en la que también participan actores como Rubén Zamora y Alejandro Montes es una comedia en la que se revelan ciertos secretos detrás de las personas en el poder.

“Lo que no alcanzamos a oír, lo que le dicen a su secuaz, a su secretario, eso lo vamos a oír, nosotros vemos la grandilocuencia, la expresión política, el bien decir y de pronto en la voz bajita, lo que se le dice al que viene al lado, lo que nunca oímos los tristes mortales, eso lo vamos a poder oír”, asegura el actor.

Para Remolina, la trama, además de catártica es divertida, vincula al espectador en el descubrimiento de los engañadores.

“Es una manera de encontrar otra forma de que los políticos tengan credibilidad y no a través de dádivas”, afirma.

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