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La gente no podía creer que “El Santo” estuviera muerto, tenía apenas 66 años y muchos lo había visto horas antes en el Teatro Blanquita protagonizando un acto de escapismo; un par de años atrás se despidió del ring que tanta gloria le dio durante 42 años, pero aún no le había dicho adiós a los escenarios, donde también recibió elogios, pues gran parte de su vida combinó las ovaciones del ring con las de la actuación.
Rodolfo Guzmán Huerta, nombre real de “El Santo” hizo su última aparición pública en El Blanquita, un importante recinto teatral de la Ciudad de México ubicado sobre Eje Central Lázaro Cárdenas, a unos pasos del Palacio de Bellas Artes, en el Centro Histórico, fue inaugurado en 1960, en ese mismo terreno, estuvo antes el Teatro-Salón Margo y previamente el Circo Orrín.
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El Blanquita albergó lo mejor de la época del teatro de revista, los cómicos más famosos pisaron su escenario, y también lo hizo el mejor luchador de entonces, el “Enmascarado de Plata” aquel 5 de febrero de 1984, ese día el también actor que venció en en el cine a toda clase de criaturas y monstruos, hizo un acto de escapismo y después el corazón ya no le respondió, esta vez no ocurrió como antes, que sólo fue un susto; hace 42 años, en El Blanquita fue el adiós del ídolo enmascarado.

El Blanquita le dio gloria y muerte a “El Santo”
En 1982, dos años antes de su muerte, “El Santo” era el más solicitado en la fiesta que se armó en el Teatro Blanquita, todos querían tomarse foto con el enmascarado, que para entonces se había casado por segunda vez con Mara Vallejo Badager, Mara era hija de los propietarios del famoso teatro.
“Santo es la magia de taquilla: hizo 150 millones de pesos, casi en solo un año”, documentó EL UNIVERSAL en sus páginas, ese día, la pista del recinto estaba decorado con una escenografía muy afrancesada, con la Torre Eiffel y el Arco del Triunfo, entre las invitadas de la noche estuvo la vedette Rosy Mendoza.
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El 5 de febrero de 1984, a poco más de un año de aquella fiesta, “El Santo” se subió al escenario para realizar un acto de escapismo, una práctica de ilusionismo donde se liberaba de restricciones físicas peligrosas como esposas, camisas de fuerza o tanques de agua; este número implicaba destreza, fuerza y audacia para superar situaciones límites.
Minutos después de haber concluido su actuación, sufrió un infarto y fue trasladado a un hospital de la colonia San Miguel Chapultepec, ahí los médicos le practicaron una traqueotomía para tratar de facilitarle la respiración, sin embargo, minutos después falleció.
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La noticia llegó rápidamente a la televisión y a la radio, la gente que durante tantos años lo vio haciendo los malabarismos más sorprendentes cubriendo su rostro con una máscara plateada y una capa que volaba por los aires, no podía creer lo sucedido.
"Yo apenas lo vi en la televisión", decían unos; otros con una sonrisa nerviosa comentaban: "¡es una broma no puede ser si yo lo vi en la función del teatro hace un rato!".
Muchas gente acudió hasta las puertas de la agencia funeraria ubicada en la calle de Sullivan, se negaban a creer que el legendario enmascarado había muerto.

Todos los artistas del teatro Blanquita hicieron guardia ante el féretro, ahí estuvieron acongojados la vedette Rosella, Pepe Arévalo, Ana Libia, Marlene Marlen, el Mago Mishel, Chucho Rodríguez, Kiko Vitolo, Yolanda y el Trío Perla Negra, así como el ballet de ese centro de diversión que pese a la sorpresiva pérdida de "El Enmascarado de Plata", tuvo que continuar la función.
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