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México tuvo una sola oportunidad de dialogar cara a cara con el mítico David Bowie: fue en 1997, durante una visita que incluyó recorridos por Teotihuacán y el Palacio de Bellas Artes, un concierto y un relajado encuentro con la prensa.
“No me gustan las proyecciones hacia el futuro, no tengo la menor idea de qué sea el futuro”, dijo en aquella ocasión sin pretensiones. Pero ese futuro llegó. Y sigue dialogando con todo lo que el artista, fallecido hoy hace diez años, representó.
Creador de personajes que desafiaron las normas de su tiempo, referente del glam y de la reinvención, Bowie se caracterizó por ser disruptivo desde su identidad que le valió, desde el arte, una postura crítica frente la rigidez ideológica.

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Bowie resuena en una época en la que las diferencias se perciben, otra vez, como una amenaza, coincide el crítico musical Arturo López Gavito.
“Las letras de Bowie, siempre están cargadas de un profundo sentimiento social que evoca a la realización personal, a la ruptura de las normas y también a que cada quien pueda hacer con su vida realmente lo que quiera”, resalta el también conductor.
Antifascista desde su obra
Si bien fue disruptivo en su obra, el artista no estuvo exento de críticas. En 1976, durante una entrevista con la revista Playboy, Bowie provocó una fuerte polémica al declarar: “Creo de manera firme en el fascismo. La gente siempre responde con mayor eficiencia ante el liderazgo de este tipo de regímenes”.
La frase, pronunciada en plena construcción de su personaje del Thin White Duke y en un periodo personal marcado por el exceso, fue interpretada como una simpatía ideológica que el propio músico se encargó de desmentir más adelante.
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Un año después, negó de forma explícita cualquier afinidad con el fascismo y reconoció que esas declaraciones habían sido un error ligado a una etapa desordenada de su vida.
“Las acciones en los 70, los 80 y aún en los 90 despertaban todo el tiempo la curiosidad porque nadie en la sociedad tenía un punto de vista similar al suyo. Fue de los primeros artistas que asumió que la sexualidad no importaba, sino la persona”, destaca López Gavito.
Bowie desmontó ese personaje y continuó una carrera marcada por la mutación constante, una postura que terminaría por situarlo en las antípodas del autoritarismo y del culto al líder.


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En The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars creó a un personaje que desafiaba la masculinidad tradicional y cuestionaba la figura del héroe como salvador absoluto.
Más tarde, en Diamond Dogs, inspirado en la novela 1984 de George Orwell, imaginó ciudades vigiladas y sociedades sometidas al control, una crítica directa a los sistemas autoritarios.
Canciones como “Heroes” colocaron al individuo frente a estructuras de poder más grandes que él, mientras que “Ashes to ashes” y “Station to station” mostraron personajes fracturados.
En su etapa final, el álbum Blackstar y “Lazarus”, la canción y obra teatral que Bowie escribió consciente del final, convivieron con la fragilidad, la muerte y la deshumanización desde lo incómodo.

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