En pleno auge del glamouroso cine nacional, una joven Ana Luisa Peluffo caminaba en los sets de filmación acaparando las miradas con vestidos entallados que delineaban su figura perfecta.

Seductora, provocadora natural y con un encanto que entregaba a sus personajes, tenía todo para desafiar a una sociedad dura y conservadora.

En la década de los 50 engalanó uno de los sorteos que organizó EL UNIVERSAL para sus suscriptores. Foto: Archivo/ EL UNIVERSAL
En la década de los 50 engalanó uno de los sorteos que organizó EL UNIVERSAL para sus suscriptores. Foto: Archivo/ EL UNIVERSAL

Ana Luisa de Jesús Quintana Paz Peluffo, quien falleció a los 96 años, llegó al cine nacional con Tarzán y las sirenas (1947), filmada en Hollywood, como carta de presentación.

Con una presencia disruptiva para las buenas conciencias, decidió hacer lo que nadie hasta el momento frente a las cámaras: desnudarse.

En La fuerza del deseo (1955) interpretó a una valiente modelo, segura de que tenía que superarse y podía tener acceso a una mejor calidad de vida.

“Era una actriz seria y profesional, siempre fue de una relación cordial. Fue alguien que rompió muchas barreras, era como el escándalo donde la ponían, aunque no era así.

“En Pedro Navaja (1984), y El hijo de Pedro Navaja (1986), donde era como la madame, siempre demostró su talento”, comparte Alfonso Rosas Priego, investigador cinematográfico.

Ana Luisa Peluffo murió este miércoles a los 96 años en Jalisco, rodeada de su familia y retirada de la actividad artística desde hace más de una década, dejando un legado de más de 200 películas y otros tantos melodramas.

En su madurez no perdió ese toque de sensualidad que caracterizó a su personalidad, siempre amable. Foto: Archivo/ EL UNIVERSAL
En su madurez no perdió ese toque de sensualidad que caracterizó a su personalidad, siempre amable. Foto: Archivo/ EL UNIVERSAL

La imagen de femme fatale la explotó en filmes como El seductor (1955), La ilegítima (1956), Besos prohibidos (1956) y La Diana cazadora (1957), pero su versatilidad también la llevó a explorar la comedia al lado de los hermanos Valdés, Germán y Manuel en Dos fantasmas y una muchacha (1959), Despedida de casada (1968) con Mauricio Garcés, y hasta dio vida a una de las primeras mujeres al frente de una organización criminal en Contrabando y traición (1977).

VERSATILIDAD

Para el realizador e investigador Roberto Fiesco, Peluffo transitó de manera natural por los distintos géneros que tuvieron auge mientras estuvo en activo.

Y aun con su vasta filmografía, el Ariel de Oro, sugerido por parte de su gremio, nunca llegó a sus manos.

Con Mauricio Garcés trabajó en varias cintas, una de ellas la comedia Despedida de casada, de 1966.  Foto: Archivo/ EL UNIVERSAL
Con Mauricio Garcés trabajó en varias cintas, una de ellas la comedia Despedida de casada, de 1966. Foto: Archivo/ EL UNIVERSAL

“Ana Luisa es la reina del cine popular y atravesó al mexicano desde los años 50 y hasta este siglo, con géneros variados como la comedia y el melodrama, el cine de acción y por supuesto el videohome. Creo lo que le faltó fue la gran película definitiva, pero era enormemente eficaz”, comparte.

María Rojo, con quien trabajó en Besos prohibidos (1956), la recuerda.

“Era una actriz bellísima y muy convincente”.

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