La corrupción no importa…

Ricardo Raphael

Tratándose de elecciones, la corrupción no es argumento que toque el corazón o las neuronas de los votantes

No indigna. No molesta. Es irrelevante, un asunto sobrevaluado. Sirve para alimentar a una sociedad adicta al espectáculo pero en México es tema sin consecuencias.

Aquí la corrupción no tira a nadie del caballo, no resta poder, no produce oposición, no limita el éxito, no provoca repudio, no moviliza políticamente.

Si en otra sociedad democrática un presidente hubiese sido exhibido por un caso como el de la casa blanca, el conflicto de interés habría sido debatido en el Congreso y de cara a la nación. Con dificultad los imputados se hubieran salvado de un juicio político.

En cambio en México las oposiciones no se atrevieron siquiera a utilizar el caso como bandera de campaña. Educados en la fe bíblica, los líderes de la oposición no quisieron tirar la primera piedra porque su arca está igualmente repleta de pecados.

Cabe sin embargo otra explicación: tratándose de elecciones, la corrupción no es argumento que toque el corazón o las neuronas de los votantes. Cuestiones distintas moverían entonces la conciencia política de la ciudadanía, pero no la corrupción.

Sirvan tres ejemplos para someter esta hipótesis a examen. Todos tienen que ver con gobernantes acusados de corrupción y con gobernados indolentes, o peor aún, dispuestos a aplaudir un comportamiento ilegal.

El primero sucede en Chihuahua, estado donde César Duarte Jáquez, gobernador constitucional, utilizó recursos de la tesorería pública para comprarse un banco. No hay una voz decente en esa entidad que defienda al señor. Por lo bajo y por lo alto se le acusa de ser un ladrón vulgar. Pesa en su contra más de un proceso penal cuya desembocadura podría ser la cárcel.

Y sin embargo, el favor electoral hacia el partido de Duarte —previo a que la contienda dé comienzo— no deja margen a la duda. Antes de que Enrique Serrano Escobar fuese ungido como candidato de unidad para las elecciones locales de 2016, el PRI ya traía 41 por ciento de las preferencias; 16 puntos de distancia sobre el PAN y 35 sobre la tercera opción, que en Chihuahua sería Morena.

La fuente son las encuestas que la empresa Buendía & Laredo hizo públicas este mes de diciembre.

Una de dos, o la población chihuahuense no cree que su actual gobernador sea un hombre corrupto, o ese dato de su biografía carece de gravedad.

El primer mandatario de Veracruz, Javier Duarte de Ochoa, confirma igualmente la tesis de la irrelevancia. Su administración ha sido exhibida por prácticas deshonestas. Se le acusa de haber comprado hoteles y mansiones de forma ilegal; adquirió predios frente al mar con gruesos fajos de efectivo y de igual modo financió campañas electorales.

Pero, como en la experiencia anterior, la ciudadanía se abstiene de sancionarlo.

Dice la encuesta de Buendía & Laredo que el PRI arranca en Veracruz con 36 por ciento de las preferencias, es decir, con 15 puntos sobre el partido que le sigue en el aprecio ciudadano —el PAN— y se halla a 25 puntos de distancia con respecto a las opciones de izquierda.

De nuevo cabe preguntarse: ¿no tienen conciencia los veracruzanos de las acusaciones que pesan sobre Javier Duarte o éstas carecen de importancia?

El tercer caso lo ofrece Roberto Borge Angulo, gobernante acusado por abusos, exceso, endeudamiento exorbitante, negocios ilícitos y por proteger a capos muy buscados cuya residencia se halla frente a una de las lagunas más bellas de Quintana Roo. En esta entidad el partido del gobernador, el PRI, arranca con 32 puntos de ventaja. Según la misma casa encuestadora, el segundo y distante lugar lo tendría Morena con 13 por ciento de las preferencias.

No puede negarse que durante las elecciones de este 2015, los escándalos de corrupción fueron clave para propiciar la alternancia tanto en Nuevo León como en Sonora. Jaime Rodríguez, El Bronco, no habría triunfado sin la rapacidad de Roberto Medina; tampoco Claudia Pavlovich sin la impudicia de Guillermo Padrés.

Con todo, por lo expuesto antes cabe temer que el argumento de la corrupción haya perdido ya su potencia para conmover al electorado.

ZOOM: Si la palabra político es sinónimo de corrupto, quienes compiten por el favor del voto optan por distinguirse con razones diferentes a la honestidad. Es justo entonces cuando la corrupción no tiene remedio.

www.ricardoraphael.com

@ricardomraphael

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