El año que sobrevivimos...

León García Soler

Tras diez años de lucha antinarco hacemos el recuento de muertos y desaparecidos, mientras seguimos al pie de la letra la estrategia de la DEA: descabezar los grandes cárteles

Eran las idas y venidas del insomnio, de la desesperanza y el vacío. Ni siquiera los oligarcas resignados a seguir mansamente el mando de los de mero arriba, de los del 1% acomodados bajo el manto de los del 00.1%, ni los de barriga llena, encontraban motivos para el corazón contento. Aquí, el caos anarquizante y la política del submundo de las cañerías cedían a la impetuosa corriente de las redes electrónicas, al ímpetu de Twitter y el desahogo del anonimato. Entre el debate sonoro de la clase charlista y los guardianes del Estado ausente, no quedaba ni el consuelo de repetir “que los muertos entierren a los muertos”.

Treinta años de austeridad fiscal y únicamente crecía el número de mexicanos en pobreza, de los que pasan hambre, siempre al borde de la hambruna. Entre cifras de optimismo oficial y la inconcebible alegría de quienes se atribuyen el mérito de haber logrado que las remesas de dólares enviadas por los mexicanos desde el otro lado, hayan superado los ingresos por la venta del petróleo, o cualquier otra mercancía de nuestra economía pendiente de la suerte del capitalismo financiero “en el limbo”, en larga agonía. Cada amanecer es promesa del cambio, del amanecer sexenal, de la democracia sin adjetivos que ha puesto en la rueda de la fortuna de la alternancia a los clones de sí mismos, a los partidos del fin de las ideologías. Todos en el centro inane en busca de la nada. Y llegó Trump.

Aquí nada más. Al otro lado del Río Bravo. Y empiezan a circular billetes de 20 dólares marcados con el lenguaje del odio: “Fuck Mexico” y la esvástica del nazismo. Feliz año. Y todavía hay quienes nos dicen que el lépero demagogo billonario será sereno estadista en cuanto se convierta en Presidente de Estados Unidos. Y los altos ejecutivos de las empresas acomodadas en el nicho de la globalidad aconsejan reafirmar la estabilidad de la economía que crece un miserable 2% anual promedio durante los últimos treinta años; y que el gobierno muestre firmeza mediática reafirmando que no pagaremos el muro de Trump, el de la simulación electorera del fantoche.

China es potencia mundial en el largo final del imperio más que bizantino del capitalismo financiero y su dogma de la verdad única. Y los que somos vecinos de la nación más poderosa del mundo tendríamos que recordar las palabras de la sabiduría oriental: Quien pretende montar un tigre acaba dentro de él: o el proverbio ruso invocado por Gorbachov al disolverse la Unión Soviética: el pescado se comienza a podrir por la cabeza. Hay demasiados consejeros áulicos y validos de Palacio que insisten en un nuevo encuentro Nieto-Trump, ahora mismo, o en cuanto se haga el milagro de la conversión del racista en estadista con el juramento a la sombra del Capitolio. Después del enorme costo político del primer error, pretenden repetirlo.

Igual que insistir en los dogmas del neoconservadurismo. Neoliberal, según la “lingua franca” contemporánea que ha acuñado el fantástico término de post-verdad, la “post-truth” ya incluida en el Oxford Dictionary. Una mentira aceptada como verdad. Y ahí vamos, rumbo a las elecciones paradigmáticas del quinto año del sexenio. Con la anticipación de que las del Estado de México serán reflejo de la terca realidad, a menos que el paisanaje alojado en Los Pinos recupere la memoria de operador político, la voluntad de que ahí postule el PRI un candidato que pueda ganar, que conozca al dedillo las fortalezas y el número de las bases partidarias y al mismo tiempo reconozca el disgusto y desánimo de la mayoría, de los de abajo.

Feliz año. En el CEN del PRI el comité de salud pública expulsa al ex gobernador tamaulipeco, Tomás Yarrington. Lenta, pero ineludible, la mano justiciera de la cuna de cacicazgos y de las “comaladas sexenales de millonarios”. La necesidad crea el órgano, dicen. Y en el territorio del miedo, en la frontera chica, en la huasteca, en las abandonadas regiones de Tamaulipas, los panistas han derrotado al PRI y gobiernan en Ciudad Victoria, sitiados por el crimen desbordado. Yarrington es buscado por la justicia estadounidense y es prófugo de la mexicana. Hay otros en esa lista. Y muy pronto habrá nueva expulsión a cargo de Alfredo Elías Calles y del súbito ataque justiciero de Enrique Ochoa, a la sombra del presidencialismo en flor de hoy, de ayer y de siempre.

En Coahuila llegó la hora del desencuentro de los hermanos que se sucedieron en el poder. Cacicazgo de Rubén Moreira, acusa el hermano que lo dejó en el Palacio de Gobierno después de chocar con el entonces presidente Felipe Calderón, de integrarse al grupo de gobernadores del PRI que apoyaron la candidatura de Enrique Peña Nieto, convertirse en presidente del CEN del PRI en la hora decisiva y marcharse a España; donde un juez interrumpió sus estudios de doctorado para sentarlo en el banquillo de los acusados y no encontrarlo culpable. Y en Coahuila renacen las esperanzas del panista Ricardo Anaya, compadre de Felipe Calderón. En Coahuila, tierra de Ramos Arizpe y del reparto agrario cardenista de La Laguna.

Corta memoria. Los diputados y senadores atendieron solícitamente al impactante llamado del secretario de la Defensa y a la respuesta consecuente del Presidente de la República: dieron entrada a iniciativas que den “marco jurídico” al accionar del Ejército y Armada nacionales en las calles, en funciones de policía. Es peligroso corregir lo ilegal con la aprobación de otro acto ilegal, diría el representante de la ONU. Ni modo ni manera, dijo Pánfilo Natera: Diez años después de declarada la guerra de Calderón, no hay policía eficaz, libre de la penetración del dinero del narco, en todo el país. No volverán las tropas a los cuarteles y los ciudadanos demandan su presencia. Llegaron las fiestas de fin de año y los legisladores dejaron para mejor ocasión las reformas exigidas.

Después de todo, las iniciativas hablan de seguridad interior y así buscan eludir la obligación del titular del Poder Ejecutivo de solicitar la aprobación del Congreso para declarar el estado de excepción, como dicta el vigente artículo 29 constitucional; dónde, en qué entidad o espacio territorial y por cuánto tiempo ha de acudir el Ejército y se han de suspender garantías. No todas, señala con claridad el constituyente. Vamos a hacer la reforma del cambio, a riesgo de aprobar la alternancia de acciones ilegales. Hacemos el recuento de muertos y desaparecidos mientras seguimos al pié de la letra la estrategia de la DEA: descabezar los grandes cárteles.

Hace falta una policía nacional, como los carabinieri de Italia. O dotar de personal y recursos de inteligencia a la Gendarmería con la que contamos ya. Pero es indispensable la policía municipal “de contacto”, del barrio, por encima de mandos únicos en esta mala hora de patéticos cacicazgos, de gobernadores alentados por el imperio de la post-verdad y el voraz apetito de riquezas, del saqueo del erario. Llega Miguel Ángel Yunes al gobierno de Veracruz y acude al gobierno federal en solicitud de recursos para pagar sueldos y acabar el año. En Chihuahua, el panista Eduardo Corral acude a la misma fuente de recursos ante el desplome de Chihuahua y sale en busca de prestamos de la iniciativa privada.

El PRI suspende los derechos partidarios del ex gobernador Roberto Borge, indiciado privatizador, en su beneficio, de la costa caribeña de Quintana Roo. Y Morelos se hunde en el lodazal de la corrupción, la disputa por los puestos, la exhibición de soberbia y de ignorancia supina en la televisión y la radio, al amparo de la soberbia de Graco Ramírez y la miseria de diputados del Congreso del estado, imagen de sumisión pagada para aprobar de inmediato lo que diga el gobernador que exhibe en espectaculares sus logros imaginarios y la disposición a fingirse candidato a la Presidencia de la República.

Cuauhtémoc Blanco se declara en huelga de hambre. Y el tribunal superior de justicia da entrada a la resolución del presuroso juicio político del Congreso, ante la suspensión otorgada por la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Pleito por la riqueza de la basura. “En el juicio contra el ex gobernador Jorge Carrillo Olea, en 1988, los diputados tardaron ocho meses. En el proceso contra Sergio Estrada Cajigal, cuatro meses. (...) En el caso de Blanco Bravo se tardaron cinco días hábiles”, afirma el presidente de la Barra de Abogados de Morelos.

Y todavía faltan trece días para que termine este año en el tiempo del odio y la insultante desigualdad.

TEMAS RELACIONADOS
Guardando favorito...

Comentarios