Se encuentra usted aquí

¿Sabremos la verdad del caso Narvarte?

Muchos casos coinciden: o la verdad no se supo, o la justicia fue a medias, o no ha habido justicia
28/09/2015
02:06
-A +A

¿Se acuerdan del caso Stanley? El 7 de junio de 1999 el popular conductor de televisión Francisco Stanley fue acribillado con cuatro disparos a la cabeza frente a la taquería “El charco de las ranas”. La noticia heló a la ciudad de México. En los días, los meses que siguieron, se desató un turbulento periodo de sospechas y revelaciones, a las que siguieron diversas líneas de investigación.

Unos gramos de cocaína hallados en los bolsillos de Stanley —y un molino para pulverizar la droga, que estaba en la guantera de su camioneta— apuntaron de inmediato a una venganza del narcotráfico. No se descartó, sin embargo, que el crimen obedeciera a problemas pasionales o conflictos profesionales.

A los pocos días trascendió que Stanley tenía amistad con el líder del cártel de Juárez, Amado Carrillo, y trascendió también que le debía dinero a Luis Ignacio Amezcua, El rey de las anfetaminas.

Vinieron detenciones en cascada. Cayeron Erasmo Pérez, El Cholo, supuesto asesino del conductor; Mario Rodríguez Bezares, su mancuerna en Una tras otra; Paola Durante, edecán del programa que Stanley estelarizaba. Al cabo, la PGJDF detuvo también al chofer y al guardaespaldas del conductor.

La investigación, a cargo del entonces procurador Samuel del Villar, hizo agua por todos lados. El Cholo fue liberado año y medio después. Uno a uno, los presuntos culpables del crimen quedaron en libertad por falta de pruebas. Apoyado en fuentes de la DEA, el periodista Jesús Blancornelas señaló que los autores intelectuales del asesinato eran los hermanos Arellano Félix, líderes del Cártel de Tijuana, a quienes Amado Carrillo disputaba el control de la ciudad de México.

Doce años después del crimen las autoridades detuvieron en Tijuana al secuestrador Luis Alberto Salazar, El Bolas, quien se había fugado del penal de La Mesa. La declaración de uno de sus compañeros de celda lo había señalado como autor material del homicidio. El procurador Mancera, sin embargo, anunció que la dependencia a su cargo no tenía información alguna que relacionara a El Bolas con el caso Stanley: 16 años más tarde, sólo hay oscuridad.

Recuerdo ahora este crimen a la luz del caso Narvarte, el crimen en que perdieron la vida cinco personas. Dos de los detenidos afirman que fueron al departamento donde pasaron las cosas a robar un paquete de droga. Uno de ellos ha dicho, sin embargo, que estuvo en el edificio, pero no subió al departamento, y otro alega que sólo permaneció en el pasillo. El tercer consignado asegura, por su parte, que ni siquiera estuvo en el edificio.

Así que tenemos un departamento y cinco muertos, y varias semanas en las que versiones del crimen dadas a conocer han cambiado sin descanso (fiesta-no fiesta-burdel-etcétera). Incluso los tres detenidos se han transfigurado: uno de ellos comenzó siendo un malabarista de semáforo; más tarde fue señalado como miembro de Los Zetas; luego él se definió como diseñador gráfico.

¿Se acuerdan de El Lobohombo? En octubre de 2000, esa discoteca se quemó. Las salidas de emergencia estaban bloqueadas. 32 muchachos quedaron calcinados. También ese día la ciudad tembló.

El Lobohombo era uno de los giros que aportaban cuota mensual a la delegación Cuauhtémoc, de Dolores Padierna. La PGJDF inició una averiguación, pero al dueño del antro, Alejandro Iglesias Rebollo, El zar de los giros negros, se le concedió un amparo. En 2006, Iglesias solicitó la prescripción de la acción penal en su contra. Nadie se volvió a acordar de él, hasta que un operativo contra trata de personas realizado en El Cadillac (2013), demostró que Iglesias seguía activo —e impune.

¿Se acuerdan del multihomicidio de la familia Narezo Loyola en Tlalpan? Era 2002. Orlando Magaña y un cómplice entraron a robar al domicilio de esa familia. Pensaron que embozados en máscaras de luchadores no serían descubiertos, pero no fue así: los reconocieron. Así que siguieron cinco horas de horror que terminaron con cinco personas degolladas y dos balaceadas. El desfile de versiones llegó a señalar el robo de droga. Magaña fue detenido y condenado. Pero su cómplice —Jorge Esteban o Esteva—, no fue aprehendido jamás. Las autoridades llevan 13 años sin saber su paradero.

¿Se acuerdan del News Divine, del linchamiento de tres agentes federales en Tláhuac, de la niña de dos años que hace poco apareció, desnucada y violada, en una maleta abandonada en la colonia Juárez? Todos esos casos coinciden: o la verdad no se supo, o la justicia fue a medias, o sencillamente no ha habido justicia. ¿Sabremos algún día la verdad del caso Narvarte?

@hdemauleon

[email protected]