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Sería vergonzoso para el futbol mexicano no ser campeón de la Copa Oro 2017. Desde que terminó la Confederaciones, el discurso planificado —estilo capos— ha sido que “se merecía más”. Repetido a todos los niveles, seguramente con la arcaica idea de que a tantas repeticiones se hace una verdad, pero no ha resultado. Los aficionados saben perfectamente el nivel de los equipos que participaron en Rusia y en qué nivel están los que en Estados Unidos buscarán el torneo regional.
Ya en San Diego, las ideas deben ser claras, trazar dos grandes objetivos: ganar sin contratiempos este torneo y producir talento inmediato para contar con nuevas generaciones en el próximo Mundial. Ya no volver con los mismos que siempre pierden, y tratar de educar a una nueva generación. Fijar perfectamente en las mentes de jugadores como Rodolfo Pizarro, Jair Pereira, Hugo Ayala, Orbelín Pineda, Érick Gutiérrez, Jorge Hernández, Elías Hernández, que son ellos el presente, y los que volvieron a sufrir una goleada son el pasado. Obviamente se rescatará a alguno, pero la mayoría debería no volver.
Están a tiempo de llevarlos por un camino exitoso, de trabajarlos y no permitirles elevarse. Además, todos juegan en la Liga MX, así que hasta tiempo tienen para entrenar juntos cuando así lo requieran, para viajar a los últimos eliminatorios; en fin, atreverse a cambiar y buscar proyectos novedosos, porque hoy nadie, ni el más entusiasmado y optimista Juan Carlos Osorio, puede garantizar que el próximo verano, con estos mismos jugadores que pierden los partidos importantes, lleguen mínimo al quinto encuentro.
Es ahora cuando se pueden hacer cambios, arriesgar y apostar por una nueva generación. Con la eliminatoria resuelta, se puede aprovechar para tener más tiempo a los seleccionados nacionales, porque viven todos en México. Que entiendan las macabras ideas de Osorio y las apliquen, que no haya pretextos como “se merecía más”, y lo cambien por el concepto “somos más”. Que se olviden de los vende camisetas y de los que entrenan en Europa, que vayan con una Selección con hambre de triunfar, que entienda lo que está en juego y no solamente divague con actitudes déspotas, mezquinas y miserables. Enseñarlos a ganar. Los otros, ya no lo aprendieron.
Es por eso que deben ganar la Copa Oro, aunque sea un espejismo de la realidad. El Salvador, Curazao y Jamaica son rivales de extrema pobreza, no existen en el mundo del futbol, así que si empiezan las locuras de rotaciones ridículas e inmerecidas, si empiezan a demeritar rivales y no se toman muy en serio esta Copa, el declive será imparable. Por eso, a esta nueva generación, déjenla trabajar, diciéndole a los titulares que son titulares y a los suplentes, suplentes. Que por primera vez en la era Osorio haya repetición de alineación, porque ganar en esta zona es lo único, es una obligación.
@gvlo2008
gerardo.velazquez@eluniversalbgwire.com.mx
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