Todo había salido conforme al guión: el anuncio de la visita, el vuelo a México, la llegada a Los Pinos, la reunión privada y los mensajes de Enrique Peña Nieto y Donald Trump a la prensa reunida en el salón Adolfo López Mateos de la residencia oficial del Presidente mexicano.

Pero en eso, cuando estaban enfilándose los dos personajes para dejar los atriles y salir del recinto, un periodista estadounidense le gritó a Trump una pregunta sobre el muro. El priísta y el magnate habían quedado en no contestar preguntas justo para no tener que abordar el tema en público. Pero Trump tomó la pregunta de uno de los reporteros que lo acompañó en su campaña y contestó: no hablamos de eso.

Faltaban dos minutos para que todo terminara de salir conforme al guión. Y dos minutos antes, con ese “no hablamos de eso”, todo se vino abajo. Era el peor escenario para ambos, Trump y Peña: el magnate quedaba como un cobarde que no le había dicho en la cara al Presidente mexicano sus planes de hacerle pagar por la construcción de un muro en la frontera común, el priísta también por no haberle expresado de frente que ese proyecto no estaba ni a discusión.

Los medios de comunicación tradicionales y las redes sociales estallaron. El gobierno de México y el equipo de campaña del candidato republicano no aguantaron la presión: terminaron enfrascándose en una guerra de tuits. Peña Nieto difundió que sí habían hablado del muro en la reunión privada y le había dejado claro que estaba en contra y no pagaría por él. Rudy Giuliani, el legendario ex alcalde de Nueva York devenido en asesor de Trump, aceptó que el Presidente mexicano decía la verdad. Y el tuit de Peña contra Trump, motivado por la descalificación del público mexicano a su presidente, fue usado por Hillary Clinton para exhibir a su rival hasta en los debates.

Para tratar de paliar el descontento social, el presidente Peña aceptó la renuncia de quien había sido el artífice de la visita, su secretario de Hacienda, Luis Videgaray. Él y el yerno de Trump habían sido los interlocutores. Trump, que claramente se enojó con esta salida, tuiteó para apoyar al saliente.

Los puentes que se habían intentado construir, tras evaluar que Trump era el principal riesgo estructural para México, quedaron dinamitados.

La campaña presidencial estadounidense ya terminó. Y ganó Donald Trump.

Con ello, al gobierno de México le salió, diría el hashtag, todo mal: el resultado final de la visita fue que ambos, Hillary Clinton y Donald Trump, quedaron molestos con Peña Nieto. No se diga el pueblo de México.

La relación con Trump nunca buscó repararse. Los debates Hillary-Trump, las encuestas y pronósticos alimentaron la despreocupación. Pero ganó el polémico magnate. Y hoy, el puente que tiene Peña Nieto con el futuro presidente de Estados Unidos es a través de su amigo y ex secretario de Hacienda, quien sigue siendo muy cercano.

Videgaray, que nunca se fue, está de regreso. Lo que no sé es si será de facto o formalmente.

SACIAMORBOS. Habiéndose metido México tanto en la elección de ellos, Estados Unidos se sentirá con derecho de injerir en la sucesión mexicana de 2018.

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