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Democracia amenazada

Ulrich Richter

En los tiempos actuales, vuelve a cobrar fuerza el debate en torno a la democracia mexicana, distintas voces, posturas y planteamientos por parte de los diversos actores, incluyendo entre ellos a politólogos, activistas, periodistas y ciudadanos.

El común denominador de todas ellas es que nuestra democracia atraviesa por una crisis. Una de estas posturas tiene su origen en una de las intervenciones en Bogotá, Colombia (2004), del jurista alemán Günther Jakobs, en la que al abordar el tema de la democracia delineó una opinión que hoy he acuñado para tratar así la democracia mexicana, la nuestra es una democracia amenazada que no ha podido madurar ni desarrollarse como se esperaba, de ahí que algunos politólogos entren al debate sobre qué tipo de democracia tenemos; a mi juicio, una democracia amenazada.

La acotación de democracia amenazada pudiera tener cabida en nuestro país por la violencia que se ha padecido desde hace varias décadas, por lo menos dos, pero también dicho término puede generar un gran debate o polémica.

El autor mencionado Jakobs, señala que son democracias amenazadas por individuos que en su comportamiento, de manera regular y permanente no asumen ni respetan ninguna regla fundamental del Derecho. Coincido con el maestro alemán en dicho planteamiento, ya que al ubicarse en la realidad mexicana, a mi juicio estos sujetos son plenamente identificados como la delincuencia organizada. Sin embargo, no solamente se encuentra atemorizada por estos grupos delincuenciales, también hay varias democracias europeas con un gran desarrollo cultural que ahora sufren el embate del terrorismo, como ha acontecido en Gran Bretaña, que en menos de tres meses ha sido impactado por numerosos ataques terroristas.

Además de este fenómeno, habría que añadir la lucha del poder político por parte de la clase política, la pérdida de credibilidad de las autoridades electorales y más grave aún, la falta de demócratas, esto es, de ciudadanos, aunado a la desigualdad social que padecemos, es decir, no sólo el factor del crimen organizado mantiene así nuestra democracia, sino también se suman los factores políticos y económicos que hoy vivimos.

Para finalizar, considero que uno de los puntos torales para revertir nuestra incipiente, mermada o amenazada democracia es formar ciudadanos respetuosos de las reglas de convivencia, tenemos que asumir nuestra responsabilidad ciudadana y combatir las desigualdades, para así fortalecer nuestro régimen democrático. Tomemos la iniciativa.

Abogado, maestro en Ciencias
Penales. Sus libros son ‘Manual
del Poder Ciudadano. Lo que México
necesita’ y ‘De la protesta a la
Participación Ciudadana’, ambos de
editorial Océano. @UlrichRichterM

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