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El cohetero y el precio de la gasolina

Jorge A. Chávez Presa

A esta administración no le está quedando más opción que recortar el gasto e incrementar los ingresos

Cuando el precio del petróleo estaba por arriba de los 100 dólares por barril, alcanzaba hasta para regalar gasolina. Ahora que el precio del petróleo está a 34 dólares por barril, por debajo del nivel presupuestado, con tasas de interés más altas y una depreciación no esperada del tipo de cambio, no le ha quedado otra al gobierno federal más que apretarse el cinturón. Seguramente el filósofo de Güemez diría: “cuando hay, hay; pero cuando no hay, no hay.”

Las condiciones económicas han cambiado radicalmente. A la administración del presidente Calderón, con excepción de la segunda mitad de 2008 al primer semestre de 2009, debido a la gran recesión global, le tocó un entorno externo benigno que permitió tener márgenes de maniobra en las finanzas públicas como no se habían visto antes. En 2012 escribí en este espacio que ojalá el presidente Calderón dejara el amuleto de los altos precios del petróleo en el cajón del escritorio presidencial.

De 2006 a 2012 el precio del petróleo promedió casi 76 dólares por barril; sin embargo, desde 2011 hasta 2012 el precio promedio fue de 101.5 dpb, 70 dpb por encima del promedio de 2016. Esto ayudaba además a la balanza comercial. Durante esos años, se subsidió la gasolina y se reflejó en la recaudación negativa en el IEPS. Durante ese período, en promedio, el erario dejó de recaudar por año 125 mil millones de pesos (mmp). Tan sólo en 2012 el regalo a los consumidores de gasolina ascendió a 228 mmp. Estas cantidades son muy superiores al monto de los recortes de gasto que tiene que emprender esta administración.

Cuando el precio del petróleo es muy alto y las tasas de interés muy bajas, los mercados financieros otorgan toda clase de licencias. Te permiten endeudarte y aplauden el aumento del gasto público. De 2006 a 2012 se observó una fuerte expansión de éste último. Con respecto al nivel de gasto que incrementó la administración del presidente Fox (2.3 puntos porcentuales de PIB) y que lo dejó en 11.4% del PIB, el gobierno federal continuó con la tendencia a incrementar el gasto programable para llevarlo a 13.4% del PIB. Especialmente en ese lapso, 42% del aumento correspondió a subsidios y transferencias y 32% a servicios personales en las áreas de defensa, seguridad, salud y educación. El llamado mal del holandés (Dutch disease) nublaba la vista a analistas nacionales y extranjeros. Los dos primeros años de la administración del presidente Peña se dejaron llevar por esa inercia y es hasta 2015 cuando empiezan a reaccionar para mejorar el balance primario.

A partir de 2007 el gobierno empieza a registrar déficit primarios, esto es, que los gastos diferentes al costo financiero de la deuda no alcanzan a cubrirse con los ingresos, incluidos los provenientes del petróleo. El balance primario, en especial el del sector público que incluye a Pemex y CFE, continuó deteriorándose durante ese lapso. Sin embargo, el déficit primario, sin incluir ingresos petroleros, llegó en 2012 a su nivel más alto (9.5% del PIB). Esto significaba que el ajuste fiscal debió haberse iniciado desde fines de 2009, cuando los precios del petróleo se recuperaron, al igual que el crecimiento de la economía global y la economía mexicana. No obstante, a partir de 2009 y hasta 2013, la expansión del gasto público se hizo con más deuda pública avalada por el Congreso.

¿Qué es diferente ahora que el gobierno federal se ve en la necesidad de recortar el gasto público y de ajustar al alza los precios de las gasolinas y las tarifas eléctricas? Son muchas las diferencias: uno, no sólo el precio del petróleo es menor, también lo es la producción; dos, la economía global crece mucho menos y lo mismo le sucede al comercio internacional, esto quizá nos afecta mucho más que la caída del precio del petróleo, en virtud de que el bajo crecimiento de la economía mundial ha afectado a nuestro principal motor de crecimiento, que es la industria manufacturera; tres, el peso se ha deteriorado con respecto al dólar; cuatro, revertir en el gasto público la expansión de la abundancia de programas asistenciales y regalos, es muy difícil.

A esta administración no le está quedando más opción que recortar el gasto e incrementar los ingresos. Quizá la mejor noticia sea que para el resto de 2016 el precio de la gasolina magna ya no aumentará. Los lineamientos para incrementar precios de las gasolinas quedaron establecidos en la Ley de Ingresos aprobada por nuestros diputados y senadores.

Economista.

@jchavezpresa

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