¿Saben cuántos cadáveres hay en las obras de Shakespeare?

Élmer Mendoza

El pasado 15 de junio, autoridades de la Secretaría de Cultura de San Luis Potosí y el British Council inauguraron El primer Festival Internacional de Novela Negra, Huellas del crimen, en un acto muy cálido. Después se realizó la primera mesa: Shakespeare y el crimen, con la participación de las inglesas Val McDermid, Mari Hannah y Sarah Hainswort, y el francés Bernard Minier, moderada por Mauricio Montiel Figueiras. Nos contaron de cómo Shakespeare introdujo algunos mecanismos típicos de la literatura negra, por ejemplo, que Hamlet hace un montaje para que su tío, asesino de su padre, confiese su crimen, y que en su obra hay 74 asesinatos, 30 de ellos por apuñalamiento. También nos acercaron a la literatura negra contemporánea, tanto de Reino Unido como de Francia y su relación con detectives tan connotados como Sherloj Holmes, Poirot, Marple y Dupin.

Nos visitaron para este Festival, el argentino Federico Axat, autor de La última salida, publicada por Planeta, y la inglesa Clare Mackintosh cuya novela, Te Dejé ir, en la colección de Bolsillo de Random House, está causando furor en el mundo. Los mexicanos presentes fueron: el cineasta Sebastián del Amo, que trabaja ahora en los preparativos para filmar El Complot Mongol; David Ojeda, Joserra Ortiz, Cristina Rivera Garza, Bernardo Esquinca, FG Haghenbeck, Iris García Cuevas, Eduardo Antonio Parra, Diego Enrique Osorno, Paco Ignacio Taibo II, Élmer Mendoza, JM Servín, Augusto Cruz, Rafael Aviña, Joaquín Guerrero-Casasola, Mauricio Ortiz, Jesús Ramírez-Bermúdez, Vicente Francisco Torres, Micro y una pléyade misterioso que pidió no ser mencionada por aquello de las recochinas dudas. Durante los días 17, 18 y 19 de junio la ciudad de San Luis Potosí se vio sacudida por la emotividad propia de la novela negra, cuyos temas se generan en calles, habitaciones, playas, bosques y en exacerbadas mentes del mundo. La novela de Minier, No apagues la luz, publicada por Salamandra, es un buen ejemplo.

Las mesas fueron auténticos confesionarios. Sálvese quien pueda. Todos los autores y autoras contaron sobre su formación como escritores de novela negra, sus precursores, la génesis y conformación de su estilo, sus temáticas, sus maneras de resolver problemas típicos y no tanto, sus descubrimientos, sus procesos de retroalimentación y cómo se ha ido modificando la definición de un género que es de los preferidos por los lectores del mundo. Igualmente celebraron la posibilidad de estar juntos por unos días, de compartir un lugar como el Centro de las Artes de San Luis Potosí, un expenal convertido en espacio de formación cultural donde aún habitan fantasmas, apoyado decididamente por el gobernador Juan Manuel Carreras, por cierto, comprometido lector de novela negra. Pudimos ver a los creadores de tantos detectives que por unas horas los dejaron salir para que recorrieran los espacios del Centro y fueran al baño. Martín Servaz, Héctor Belascorán Shane y Sunny Pascal intercambiaban impresiones, mientras Matthew Ryan, Tony Hill y “El Zurdo” Mendieta se aburrían escuchando las tribulaciones de Ray Stevens que no había conseguido una taza de té.

Las charlas fueron interesantes. Bernard Minier dejó claro que la novela negra es potente, que es literatura de crisis y compartió el dato de que en Francia se publican mil 400 novelas negras al año. Val McDermid mencionó la dificultad de escribir sobre regiones que no son las propias, salvo que los personajes hagan un viaje, también se ocupó sobre la disciplina como factor determinante para conseguir una novela solvente. Mari Hannah, que a la fecha ha publicado seis novelas en Reino Unido, dejó claro la importancia del espacio y el respeto que conviene tenerle, además del cuidado necesario cuando se tratan delitos que pueden ser identificados y los problemas que suelen originarse de eso. Paco Ignacio Taibo II nos platicó sobre su próxima novela, un ejercicio de claridad y una confesión de su compromiso con el género. Les hubiera encantado escuchar a Sara Heinsworth, la antropóloga forense que fue parte del equipo que descubrió los restos de Ricardo III, el soberano que Shakespeare inmortalizó; interesantes sus experiencias en este caso particular. FG Haghenbeck y Francisco Vicente Torres disertaron sobre el presente de la novela negra. En fin, tuvimos unos días de placer intenso y agradezco en nombre propio y en el de mis colegas, a Mauricio Montiel Figueiras, que sobrevivió al esfuerzo de reunirnos, y a las instituciones que llevaron el pato al agua.

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