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Gerardo Kleinburg

Élmer Mendoza

Hay experiencias vitales, instantes de vida sustentados en lo real, lo imaginario y lo alucinante que exigen un manejo particular del arte narrativo, se impone una actitud creadora que se alimenta de misterios y obsesiones que se convierten en certezas. Un juego de dados flotantes. Tal es lo que se manifiesta en Éxtasis, una novela en siete cápsulas de Gerardo Kleinburg, publicada por Alfaguara en octubre de 2014 en México. “Nuestros padres y el resto de la sociedad nos enseñan día tras día a equivocarnos”, plantea Edén, un personaje que algo sabe de las reacciones en cadena, y que el narrador aprovecha para contar una novela en zigzag que ocurre en una noche de verano.

Éxtasis es una novela de sensaciones del tipo que enriquecen la cotidianidad si es que no la rompen para trascenderla. Edén, un hombre maduro, regala cápsulas de éxtasis como si regalara el corazón. Cree que si se consume “podemos arrancar con nuestras propias manos la espada del miedo que todos llevamos clavada en el pecho.” Y unas líneas adelante refuerza: “Es la droga de la aceptación y de la compasión y del perdón.” Apuesta por la ruptura de barreras y el cambio en los mecanismos en las relaciones humanas. Kleinburg nos ofrece varios perfiles ricos en matices: Mercedes, una jovencita que encontró la cabeza de su hermano víctima de la violencia y le transformó su historia; Román e Isela, una pareja que arrastra una pena producto de su amor y de su atrevimiento; Miguel, un joven que está a punto de iniciar sus estudios de sacerdocio, lo llevan a La Vorágine, un antro de moda, donde se encontrará con Verónica, una chica que le da una cápsula de manera especial para inducirlo al desenfreno. Ambos se llevarán una sorpresa. El caso de Enrique y Eduardo es muy vehemente, sobre todo a la hora de demostrar los compromisos que la amistad verdadera exige. Lucinda y su progenitora que viven peleando, consiguen conversar sobre sus diferencias gracias a una cápsula que consume la madre. Encontramos dos matrimonios jóvenes que descubrirán la parte erótica de la amistad.

Gerardo Kleinburg, que nació en la ciudad de México en 1964, elabora una serie de universos cruzados que se unen en finas hilaturas mientras la novela avanza. Con un ritmo allegro, devela cada grupo de personajes bajo los efectos de la droga que se exterioriza poco a poco. Queda claro por qué cada personaje se encuentra en esa circunstancia, en ese lugar y en esa noche. Cada uno está allí con su historia, explicándose a sí mismo en función de ciertos elementos en los que usted, curioso lector, pretenderá no encontrar paralelismos con su propia vida. Está bien, cada quién acepta o rechaza el espejo negro que lo retrata. Lo que no vamos a negar es que las mejores novelas son las que están llenas de seres humanos viviendo una vida, como la que estamos comentando, una novela escrita para compartir una inquietud.

“Siempre nos pasa algo importante en la vida que no podemos explicar”, dice el autor, que ha trabajado un territorio narrativo no explorado en extenso en la literatura mexicana. ¿Cómo son los famosos viajes, los malviajes y el valor que provocan a tanta gente?, ¿cómo es que el éxtasis da tanta energía para bailar, beber, dejar que la sensualidad se exprese y tener sexo?, ¿quién fabrica esta droga?, ¿qué contiene? ¿Leerán los señores de la suprema corte esta novela? Es una historia penetrante, una novela que mueve el corazón y el cerebro, que es pulcra y en cada página explora un género que funciona en el tiempo y que se enriquece en el zigzag.

Kleinburg es muy creativo; el canto, la música y la literatura son las artes de su mayor interés, dice que “crecer es entre otras cosas entender cuáles son nuestros límites verdaderos y cuáles son los que nos han inventado y enfundado.” Propone dejar salir la otra personalidad, esa que todos han intentado moldear pero que es como es y no tiene remedio. Para conseguirlo hay múltiples caminos. Algo fundamental es que Kleinburg es un narrador sensible, que se arriesga y se arraiga, que sabe contar y que ha elegido un tema que muchos ocultan bajo la alfombra. No niego que es una lectura que corta el aliento, pero eso es la literatura mexicana que cuenta México: una literatura que no teme, que tiene estilo, llena de personajes en situaciones extremas y no deja de mencionar los problemas más difíciles que vivimos. Sé que descubrirán cosas, y muchas de sí mismos, que cambiarán de espejo; sin embargo, no importa, están vivos y gozarán con Éxtasis, una novela en siete cápsulas, no digan que no.

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