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04/06/2016
02:10
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En un país donde los partidos políticos en los estados basan sus campañas en acusar al contrario de ser criminal, pederasta, homosexual (como si eso fuera malo) o ratero, ¿cómo exigir a la ciudadanía un comportamiento más civilizado?

Es un círculo vicioso: los partidos emplean toda clase de herramientas de guerra sucia para ganar elecciones, pero crean reglas electorales al término de dichos comicios con la finalidad de —ahora sí— evitar las trampas en los siguientes procesos. La ciudadanía, mientras tanto, se aleja de la clase política, lo cual paradójicamente deja a las tramposas “estructuras” de los partidos a cargo de las urnas.

Esa historia se ha repetido varias veces desde el año 2000 y a juzgar por el comportamiento observado de los partidos durante la actual campaña, las cosas no parece que vayan a ser muy diferentes en 2018, cuando se renueve la Presidencia.

La violencia en algunas entidades, amenazas de boicot en municipios de Oaxaca y posibles resultados cerrados entre el primero y segundo lugar en las elecciones de algunos estados son elementos que hacen complejo el proceso electoral del domingo, según la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales (FEPADE).

De acuerdo con el documento Atención al proceso 2016, elaborado por la fiscalía, otros elementos son la violencia política contra las mujeres y casos de condicionamiento de programas públicos, además de debilidad presupuestal de los Organismos Públicos Locales Electorales (OPLE) o la limitada actuación de las fiscalías locales. El documento menciona que a partir de que iniciaron los procesos electorales, el 1 de octubre y hasta el 19 de mayo, se han presentado mil 538 denuncias.

En el más reciente proceso electoral de 2015 los partidos políticos y sus candidatos eligieron recurrir al espionaje para sacar audios comprometedores en contra de al menos cinco candidatos. La cifra ahora palidece con lo presentado durante este año. Nada malo hay en denunciar un acto de corrupción cometido por el contrario, sin embargo, se extrañó que a la par hubiera un esfuerzo de todos por abrirse al escrutinio.

¿Cuántos de los actuales candidatos, en un ejercicio de congruencia, admitirán una revisión a sus cuentas, a sus pertenencias y a su pasado? Para ser justos hay que decir que la presión ciudadana no ha estado a la altura de las necesidades.

Se acaban los incentivos para hacer la tradicional campaña basada en spots y ataques personales. Se reduce la participación electoral con cada nueva guerra sucia. Estaba en manos de los actuales candidatos y sus equipos devolverle un poco de dignidad a su trabajo. No lo hicieron.