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A partir de los estragos que ha ocasionado la mala calidad del aire en los 18 municipios mexiquenses y 16 delegaciones capitalinas, es hora de llevar el debate sobre el ambiente más allá del programa Hoy no Circula. La cantidad de vehículos en operación influye, sin duda, en la presencia de contaminantes. Pero, ¿qué ocurre con los demás factores? ¿Nada qué reprochar a la industria? ¿Todo bien con el transporte público? ¿Los combustibles son los mejores?
Sobre el último tema, este diario publicó el viernes que la gasolina que México compra de Estados Unidos —la cual llega a la mayoría de los vehículos mexicanos— no es la misma que los usuarios estadounidenses consumen. La diferencia radica en el tipo de aditivos exigido en el país vecino por la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) para cumplir con la norma federal allá.
Petróleos Mexicanos dice al respecto: “Como es una práctica internacional, Pemex compra gasolinas base a las que posteriormente se le agregan los aditivos necesarios (equivalentes al etanol) para cumplir con las normas correspondientes y vender al público”. Sin embargo, hace falta que la empresa facilite más detalles para permitir al público discernir si la aseveración es precisa, pues cumplir con la norma vigente no necesariamente es lo mismo que seguir estándares internacionales ni tampoco es igual a hacer lo mejor para la salud de las personas según la información científica disponible.
Por ejemplo, la investigadora del Instituto Mexicano para la Competitividad, Mariana Tapia, dijo a este diario que parte del problema de la regulación actual es que permite varias calidades de gasolina en el país y sólo exige vender las mejores en Monterrey, Guadalajara y en el Valle de México.
A su vez, Felipe Sánchez, investigador de la Escuela Superior de Ingeniería Química e Industrias Extractivas del IPN, dice en entrevista: “Tenemos un desfase de aproximadamente 10 años en la producción de combustibles de ultra bajo azufre, el parámetro mundial es de 50 partes por millón”, En México la norma permite mucho más.
Lo siguiente es comparar el producto final que se vende en gasolineras con el ofrecido en despachadoras estadounidenses. Si el resultado es que aquí se emiten más gases de efecto invernadero por cada litro de combustible consumido, ¿no sería mejor cambiar la norma incluso si genera un costo extra?
En las últimas semanas ha surgido un debate ambiental focalizado en el transporte. Incluyamos también a los combustibles en la discusión. Al menos debería tenerse un diagnóstico de cuánto podría mejorar la calidad del aire si mejoran también las gasolinas.
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