Arma de doble filo de la CNTE

Editorial EL UNIVERSAL

Durante décadas la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) sometió a los gobiernos estatales con la fuerza de las manifestaciones, tiempo en el cual el gobierno federal sólo evadió el problema. Ahora que las condiciones son diferentes, los profesores disidentes no cambian. Creen que los métodos del pasado funcionarán de nuevo. Los hechos prueban lo contrario.

Puede ser que la debilidad actual de la Coordinadora le genere alguna simpatía. Sin embargo, debe recordarse cuál es su naturaleza: van contra los profesores que “traicionan” a la organización al participar en evaluaciones y dar clases.

Obstaculizan programas de mejoramiento de las escuelas; condicionan derechos laborales a la asistencia a actos sindicales; amenazan a autoridades y profesores que genuinamente querían trabajar, y manejaron por años programas como el otorgamiento de alimentos en escuelas.

Las palabras empleadas por la CNTE contra sus propios mientros —“traición” y “deslealtad”— exhiben la naturaleza dogmática de la organización. Primero está el apego a principios inamovibles que deben ser obedecidos (no discutidos) y después, si acaso está presente, se encuentra su responsabilidad con la educación pública.

Lo peor es que no se conforman con “luchar” por su cuenta. Demandan la subordinación de directivos de escuelas, maestros y hasta padres de familia, so pena de castigarlos con quitarles recursos que no deberían ser controlados por el sindicato.

Argumenta la CNTE que el pueblo les apoya. Falso. Cuando el gobierno federal dijo que sí realizaría evaluaciones docentes, la Coordinadora anunció movilizaciones que no podrían ser contenidas. Pasaron dos años desde entonces y no fueron capaces ni siquiera de evitar que la gran mayoría de los profesores sí realizara exámenes.

¿Dónde está la sociedad que los apoya? En las calles no, porque en sus marchas no hay convicción. Hay conveniencia y sobre todo extorsión a quienes se han visto obligados a marchar a cambio de favores y prebendas.

Desafortunadamente, la menguada fuerza de la CNTE todavía alcanza para afectar al ciudadano común, a quien no le queda otra opción para llegar a su trabajo más que el transporte público bloqueado o la avenida cerrada.

Los bloqueos y las marchas sólo manchan la imagen de un gobierno cuando la causa de dichas acciones está respaldada por la opinión pública. Como no es así, lo único que logran es atraer más enojo contra su causa.

El método que dio fuerza a la CNTE en el pasado es justo la razón por la cual han perdido apoyo social hoy.

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