La creación de la Secretaría de Cultura —aprobada en diciembre el último día de sesiones del periodo ordinario en la Cámara de Diputados y firmado el decreto un día después por el jefe del Ejecutivo— se dio en medio de apoyos y críticas de personajes del sector. Unos consideraron que finalmente la cultura obtenía el lugar preponderante que merece, mientras otros advirtieron del riesgo de una mayor burocracia que empantane tan importante actividad.

Para que el deseo de los simpatizantes de la medida se cumpla y los temores de sus críticos no se hagan realidad, el Congreso deberá jugar un papel clave. Ante la riqueza cultural del país, es loable la creación de la dependencia, pero para que haya frutos se requiere la aprobación de una ley que regule la materia, tarea que deberá cumplir a la brevedad el Legislativo.

El secretario de Cultura, Rafael Tovar y de Teresa, recuerda hoy, en entrevista con este diario, que en 2009 se incorporó a la Constitución el reconocimiento del derecho ciudadano al libre acceso y disfrute de los bienes y servicios culturales, por lo cual “lo único que se requiere es llevar al papel lo plasmado en la Carta Magna y del papel a la realidad”.

Se oye fácil, pero es aquí donde la nueva dependencia debe adoptar medidas adecuadas para hacer realidad el acceso a la cultura. Las metas deben ser ambiciosas, más allá de lo que marque la ley. ¿Debe la dependencia quedarse únicamente en administrar el patrimonio cultural y difundirlo? Sería un objetivo acotado. Varias voces ya han expresado la necesidad de impulsar la creación cultural entre la población como mecanismo de inclusión social, entre otras muchas tareas que puede desarrollar la nueva dependencia.

El funcionario acepta la situación y reconoce que el reto es actualizar y hacer más eficientes las cosas, sin más burocracia ni mayor presupuesto.

Uno de los frentes que tendrá que atender Tovar y de Teresa son los “usos y costumbres” de los trabajadores del sector cultural, para los cuales es común la herencia o venta de plazas, ocupar cargos distintos por los que cobran, así como incorporar aviadores en distintas áreas. Ante ello, el secretario deberá hacer valer lo que enuncia: respetar los derechos reconocidos en la ley, ninguno más.

La Secretaría tiene a partir de ahora una magnífica oportunidad para unificar proyectos, revisar lo que no funcione, consolidar lo bien hecho, terminar con la duplicidad de tareas y ratificar la importancia que la cultura mexicana tiene en América Latina y el mundo. Con los creadores culturales, festivales y ferias de libros, por ejemplo, el trabajo no empieza de cero. La vara está alta y hay que subirla más.

Google News

TEMAS RELACIONADOS

Noticias según tus intereses

[Publicidad]