Tierra de nadie

Editorial EL UNIVERSAL

El crimen organizado en Guerrero no cede. A pesar de la llegada de un nuevo gobierno y del relanzamiento —por tercera vez— de la estrategia de seguridad encabezada por fuerzas federales en dicho estado, los asesinatos, los secuestros y las extorsiones se siguen presentando. El más reciente episodio de esta violencia, la liberación de 21 personas secuestradas sin un solo detenido, exhibe de nuevo la incapacidad del Estado mexicano para cumplir con su tarea más básica.

Como si se tratara de una imagen salida de la guerra del Estado Islámico en Siria, un video difundido ayer muestra a un número indeterminado de personas vendadas y sometidas, mientras un sujeto les interroga. El tipo clama que su objetivo es justo, que el grupo criminal al cual representa es uno de autodefensa. “Nosotros no somos secuestradores”, dice a la cámara aunque tenga frente a sí a sus víctimas.

Las autoridades no habían aclarado hasta anoche la autenticidad del video, ni tampoco han dicho si las imágenes corresponden a las de los 21 liberados ayer. Lo cierto es que la percepción que dejan estos hechos para la ciudadanía es de total indefensión. No sólo los asesinatos en Guerrero están lejos de disminuir, encima los responsables se burlan del orden establecido y desafían a quienes lo representan. La falta de reacción gubernamental hace que los mensajes de los criminales sean más efectivos.

Imposible no ceder ante las exigencias de un delincuente cuando varios otros secuestran a 21 personas, emiten un video ufanándose de ello y salen impunes como si los aparatos de inteligencia gubernamental fueran inexistentes. Por eso se entiende que para los guerrerenses, como para la mayoría de los mexicanos, hacer denuncias ante el Ministerio Público sea una pérdida de tiempo.

A principios de septiembre pasado este diario publicó que Guerrero tenía la peor policía municipal del país, pues de los 180 efectivos evaluados de enero a junio de 2015, el 49.4% no aprobó los exámenes de confianza. En ese periodo el promedio nacional de agentes reprobados fue de 17.2%. A seis meses de distancia, ¿se ha mejorado en algo esas estadísticas? ¿Se dirá que es demasiado pronto para lograrlo?

A lo largo del estado se despliegan operativos de reacción, pero poco se conoce de resultados en la creación de instituciones fuertes. Ese componente, junto con el de la integración social a las acciones de seguridad, ha dado exitosos resultados en Tijuana, Ciudad Juárez, Monterrey, entre otros lugares.

Guerrero es un fenómeno único, pero tantos años de violencia en el estado no pueden sólo responder a la complejidad del fenómeno. La entidad ha sido ignorada.

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