Envejecer en México

Editorial EL UNIVERSAL

En las calles mexicanas es común ver a personas muy mayores cargando mercancías, vendiendo productos o incluso ejerciendo oficios que requieren un gran esfuerzo físico. Muchos de esos ancianos quizá lo hacen por gusto, pero otros tienen que seguir ganando la comida no sólo para sí mismos, sino para sus hijos y nietos. Detrás de esa realidad hay dos problemas estructurales: la dificultad del adulto mayor de ahorrar para su vejez y las complicaciones de los hijos para hacerse con un patrimonio propio y tener así los recursos suficientes para no depender de sus padres.

En México existen 7.4 millones de hogares con adultos mayores, es decir, personas que superan los 60 años. De ellas, más de 90% contribuyen con alguna actividad al bienestar de los hogares, según encuesta del Instituto Nacional de las Mujeres. Esto incluye desde ayudar en las labores domésticas hasta ser el principal sostén económico de la familia.

No existe un consenso internacional sobre cuál es la edad ideal en que alguien tiene derecho a retirarse del mundo laboral. El rango varía en cada país. El sentido común dicta, sin embargo, que es injusto para una persona con padecimientos crónicos y fatiga tener que mantener a familiares cuya edad les permite un mayor sacrificio.

Por desgracia, todo indica que es un fenómeno en crecimiento el de las familias sostenidas por los abuelos. Antes la esperanza de vida era más baja pero también los hijos permanecían menos tiempo en la casa de sus padres. De acuerdo con el Instituto Mexicano de la Juventud, es mayor la cantidad de jóvenes entre los 20 y 29 años que viven con sus padres (39.8%), que quienes iniciaron una vida independiente con su pareja (30%).

Sería una generalización decir que la culpa entera es de los descendientes. Hay un condicionamiento económico del cual no se pueden escapar la mayoría de los mexicanos y para demostrarlo basta contrastar el dato de ancianos que trabajan aquí con la misma cifra en Canadá y Estados Unidos. Allá sólo labora el 20% de las personas mayores de 65 años, de acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo.

Faltan oportunidades para las nuevas generaciones y, a la par, quienes envejecen no cuentan con las herramientas de ahorro, ni de ingresos, que les permitan disfrutar del retiro. De los 4.5 millones de ancianos que forman parte de la población económicamente activa, 26% gana menos de un salario mínimo y 13% no recibe ningún ingreso.

En las décadas próximas llegará a su fin la era del México joven. Como Europa ahora, a mediados de siglo los mayores de 60 años serán el sector demográfico más grande. Ese futuro es inexorable, ¿cuándo nos prepararemos para su llegada?

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