Seguridad en la UNAM

Editorial EL UNIVERSAL

Desde el fin del paro estudiantil en la UNAM, ocurrido hace ya 15 años, la institución educativa ha incrementado su prestigio y se habla más de ella por los logros de sus investigadores, profesores y alumnos que por los problemas que tiene, los cuales son muchos, como es natural en una comunidad integrada por cientos de miles de personas.

Sin embargo, un tema ineludible es el de la seguridad dentro de las instalaciones universitarias, el cual no ha sido resuelto pese a que cada año se acumulan nuevos casos ya sea de homicidio, de violaciones, de robo y más frecuentemente de venta de droga. De igual forma, otras prácticas que interfieren en el adecuado ambiente académico, como el ambulantaje, están sin control en varias de las escuelas y facultades.

Hay que empezar por reconocer que resguardar la seguridad de los universitarios y universitarias es más complejo de lo que aparenta. Al contrario de la reacción que un gobierno tendría ante un incremento de delitos, dentro de la UNAM no se puede reaccionar con patrullajes de policías, instalación de cámaras de vigilancia o retenes. Se requiere de una cooperación entre las autoridades locales y la vigilancia interna.

¿Qué hacer específicamente? El personal de vigilancia de la UNAM no está autorizado —ni debería estarlo— para portar armas o perseguir delincuentes. Otra alternativa sería limitar el ingreso a las instalaciones a cualquier persona que no pertenezca a la Universidad, pero con ello se transgrediría el principio que rige a la institución de que la casa de estudios es de todos los mexicanos y no sólo de quienes estudian o trabajan en ella.

Por lo pronto, el secretario de Atención a la Comunidad Universitaria, César Astudillo, dice a este diario que parte de un nuevo plan para atender actos de violencia será que ahora se harán cargo de la vigilancia jóvenes de entre 20 y 30 años, con nivel educativo mínimo de bachillerato. Cabe recordar que hasta este momento el perfil de esos cargos es de trabajadores sindicalizados sin otro vínculo con la UNAM mas que el contractual.

Es un comienzo. Habrá que ver los resultados y esperar la buena voluntad del sindicato. Pero de la misma forma se esperaría de la policía capitalina la presentación de una estrategia para atender a los llamados que la UNAM pudiera hacer para defender de la delincuencia a los universitarios. El hecho de que policías no ingresen normalmente a las instalaciones no significa que nada se pueda hacer en coordinación con la institución educativa.

Si la situación de la vigilancia en la UNAM no cambia, podría llegar el momento en que luzcan más las noticias sobre inseguridad en sus instalaciones que sus muchos logros. Bastante se ha logrado con la institución en los años recientes para ahora dejar que actos desatendidos manchen ese prestigio.

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