Sumar políticas sociales

Editorial EL UNIVERSAL

El susto que dieron el lunes las bolsas de valores en todo el mundo, que cayeron ante una baja estrepitosa en China, muestra lo vulnerables que son los países ante los sobresaltos de la economía global de libre mercado. México no es la excepción y la política social no puede salvar al país de esos vaivenes; sin embargo, puede conducir los recursos nacionales para equilibrar la balanza entre los sectores sociales y que todos tengan la misma oportunidad de desarrollo, sea cual sea el contexto económico.

Esa función de la política social puede lograrse únicamente si todos los esfuerzos del Estado se dirigen hacia el mismo lado. Poco lograría un programa social alimentario, por ejemplo, si carece de la herramienta para transformar el beneficio en una posibilidad de estudio para los hijos del hogar o de capacitación para la población en edad laboral.

En 2012, aun con el elogio a instrumentos como Oportunidades y el Seguro Popular, el Banco Mundial recomendaba a México avanzar hacia un sistema “ajustado, eficiente y coordinado” y que no dependiera de programas individuales que funcionaran por separado, lo cual sólo creaba brechas en la cobertura. Ayer la secretaria de Desarrollo Social, Rosario Robles, en comparecencia ante la Comisión Permanente del Congreso, retomó en palabras propias ese diagnóstico. Calidad en la política nacional es el reto.

Se ha decidido en lo que va del presente sexenio atacar la pobreza alimentaria como prioridad; política cuyos resultados se reflejaron en la última evaluación del Coneval: ese rubro disminuyó pese al aumento de la pobreza.

Ahora se emprenden nuevas reformas para llenar los vacíos de la política gubernamental y quitar aquellas zonas donde la duplicidad de funciones malgasta los recursos. Queda pendiente —como recomendó el Banco Mundial— el registro único de beneficiarios de todos los programas, que permita vincular los diferentes sistemas de salud del país, así como crear nuevos programas para atender las necesidades de poblaciones que en este momento no tienen cobertura.

Pero sobre todo, lo clave es articular manos y presupuestos de las distintas oficinas de gobierno para que los limitados recursos de cada una logren un cambio más significativo, en lugar de restarse fuerza entre sí. Si 100 mil personas dejaron la condición de pobreza alimentaria en el último año sólo con inversión federal de Sedesol, ¿qué no podrá lograrse sumando a todo el Estado mexicano?

Incluso con el adverso entorno internacional, con movimientos en el tipo de cambio y baja en el precio del petróleo, hay espacio para avanzar. Si es que hay voluntad.

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