La detención de Guzmán

Catalina Pérez Correa

La recaptura del líder del Cártel de Sinaloa es importante y debe ser reconocida, aun cuando sigan sin esclarecerse los hechos que llevaron a su fuga. Joaquín Guzmán Loera es un criminal que merece reproche social y ser sancionado por los delitos que ha cometido. Pero más interesante que su recaptura es la historia de un encuentro secreto, unos meses atrás, entre el capo, el actor Sean Penn y la actriz Kate del Castillo; así como la entrevista autograbada de Guzmán respondiendo algunas preguntas que le hizo llegar el actor estadounidense. Es cierto que ni la narrativa de Penn ni la entrevista son joyas del periodismo, pero es valioso ver la estrategia de relaciones públicas de Guzmán, quien por una parte se presenta más humano y por otra se busca hacer extraordinario. Y, aunque poco aporta el material para entender su historia, sus orígenes o sus formas de operar, revela cuestiones importantes sobre la guerra contra las drogas que se libra en nuestro país.

Rescato dos puntos del material. En el video, de poco más de 2 minutos, se le pregunta a Guzmán Loera:

—¿Usted cree que es verdad que es responsable de los altos niveles de adicción a las drogas en el mundo?

—No. Eso es falso porque el día que yo no exista, no va a bajar de ninguna forma.

—¿Cuál es el panorama para el negocio? ¿Usted cree que desaparecerá o crecerá?

—No, no desaparecerá, porque conforme pasa el tiempo somos más gente y esto nunca terminará.

Y continúa más adelante:

—Porque el tráfico de drogas no depende de una sola persona. Depende de mucha gente.

En esto, tiene razón. El tráfico de drogas no depende de una persona y hay muchos individuos dispuestos a ocupar su lugar y de todo capo o lugarteniente que encarcelemos. Ninguna de sus pasadas capturas tuvieron un impacto sensible en la oferta de sustancias ilícitas, ni en la violencia. Su recaptura tampoco lo tendrá, aunque quizás sí tenga consecuencias para las operaciones del cártel que dirige, o para los funcionarios que participan en la red de corrupción que le permite operar. La captura de capos no disminuye la violencia ni protege la salud de los jóvenes mexicanos. Eso se logra con estrategias de prevención, con un profundo cambio de nuestras instituciones de seguridad y, con una reforma a la política de drogas.

La guerra contra las drogas ha dejado en México más de 160 mil muertos y 30 mil desaparecidos en los últimos 8 años. Los mexicanos hemos cedido derechos y ampliado el poder de las autoridades para el “más eficaz” combate a las drogas y de quienes las venden ilegalmente. La guerra, además, ha vulnerado a las instituciones de seguridad que sucumben ante el poderío económico de los cárteles. En su artículo, Penn describe el trayecto que realizó acompañado por el hijo de Guzmán Loera para encontrarse con el capo: “Llegamos al retén militar. Dos soldados gubernamentales uniformados, armas listas, se acercan a nuestro vehículo. Alfredo [Guzmán] baja la ventana del pasajero. Los soldados se retiran apenados y señalan que podemos pasar. Wow. Así es, el poder de una cara Guzmán.”

A las instituciones de seguridad de nuestro país les han encargado una misión imposible de cumplir: acabar con un negocio que, como dice el líder del Cártel de Sinaloa, no tiene fin. Esta estrategia nos ha hecho más vulnerables a todos. Pienso en el retén que describe Penn mientras viajo en auto rumbo al norte del país. Estamos parados en una larga, larga fila de vehículos formados frente a otro retén militar que busca drogas que van al norte. Del otro lado, viajando al sur, los autos pasan sin que nadie los mire. ¿Cuántos autos llevarán armas que vienen del norte? ¿Por qué nadie los detiene y revisa? El viernes pasado detuvieron, por tercera ocasión, a Joaquín Guzmán, pero tres meses atrás a su hijo se le abrió paso en un retén oficial. En el fondo, el negocio sigue igual.

División de Estudios Jurídicos CIDE

@cataperezcorrea

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