La hora de los asesinos

Alfonso Zárate

"Si el narco tiene este poderío es porque el gobierno lo ha permitido,

o porque está sometido, porque no está o porque es cómplice".

Javier Valdez Cárdenas

 

¿Cuándo se decreta un “gobierno fallido”? ¿Cuando los poderes fácticos lo doblegan o reemplazan?... ¿Cuando bandas delincuenciales usurpan su autoridad y ejercen el monopolio de la violencia en regiones completas? Lo mismo en Culiacán, que en Reynosa, Acapulco, Ciudad Juárez, o en Ecatepec, mandan los criminales y la sociedad vive con miedo.

El asesinato este lunes del reportero y escritor Javier Valdez, de Ríodoce, un semanario sinaloense que investigaba al crimen organizado y la corrupción gubernamental, vuelve a sacudir y herir a la sociedad. Su ejecución se suma a las de decenas de periodistas que en los años recientes han sido victimados por quienes, de esa manera, quieren silenciar la verdad. El mensaje es claro: está prohibido reportear este infierno.

Los hechos se agolpan: además del asesinato, en esta misma semana, de Jonathan Rodríguez Córdova, así como el atentado que sufrió su madre, también periodista Sonia Córdova, subdirectora del semanario El Costeño de Autlán, hace apenas unos días, Miriam Rodríguez, una de tantas madres que han sufrido el secuestro y asesinato de su hija y que había asumido como su misión de vida la búsqueda de los desaparecidos, fue asesinada en su casa en Reynosa, Tamaulipas. Como Javier Valdez, sabía que la iban a matar y no dudó en seguir en esa lucha digna, triste, frustrante pero ineluctable, porque cuando se ha perdido un hijo ya nada importa, se le pierde el miedo al miedo.

En la mayoría de los centros peni tenciarios del país, allí donde el Estado tendría que ejercer la autoridad total, mandan los reclusos. Muchas corporaciones policiales en el país están penetradas por criminales. Vastos territorios del país están convertidos en cementerios que ocultan miles de cuerpos de desaparecidos, no solo de las luchas entre bandas, también de quienes se negaron a pagar una extorsión o, nada más, porque sí.

Crecen las extorsiones, incluso en la Ciudad de México. Pero nada de esto parece perturbar a las autoridades estatales y federales. Apenas este lunes, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, se negó a admitir el fracaso de la “Estrategia integral de Seguridad para Tamaulipas” que, como en otras regiones del país, sigue replicando el sinsentido de un enfoque primordialmente policiaco-militar de los días de Felipe Calderón y de descabezamiento de los líderes de los cárteles ofrendados como tributo a las agencias de inteligencia norteamericanas. Ante la inutilidad de los gobiernos, las ratas salen a la superficie.

Las finanzas públicas sufren una anemia brutal y, sin embargo, el funcionariado municipal, estatal y el federal, sigue despilfarrando los dineros de los contribuyentes y llevando la deuda pública a niveles demenciales. Pero, además, el Sistema Nacional Anticorrupción enfrenta trampas de todo tipo que buscan pervertirlo y convertirlo, como está ocurriendo con diversos órganos “autónomos”, en otra maquinaria inservible. En el colmo, contraviniendo las disposiciones legales, el Senado no ha podido designar al fiscal anticorrupción.

La corrupción se ha convertido en la obsesión de buena parte de la clase gobernante y aunque se enriquecen a niveles inauditos, no tienen llenadera. Y, como es costumbre, los hallazgos de fortunas que se pretendía ocultar fuera del país, corren a cargo de autoridades norteamericanas o europeas, las de aquí se hacen de la vista gorda.

El aparato gubernamental presenta contrahechuras y malformaciones grotescas y el Congreso de la Unión pospone, una vez más, lo que realmente importa: iniciativas como la del Mando policial mixto, la Ley de Seguridad Interior, la Ley de Adquisiciones del Sector Público o la Ley de Obra Pública, entre otras. Y en vez de reducir normas diseñadas desde los escritorios, crean nuevas reglas, muchas verdaderamente absurdas, incumplibles, que solo sirven para extorsionar y para eso las incontables dependencias federales, estatales o municipales cuentan con jaurías de inspectores que amenazan negocios que apenas sobreviven, con multas o clausuras por transgresiones reales o fabricadas.

Embelesados con los símbolos del poder, nuestros gobernantes se distraen en operar la albañilería financiera que les permite enriquecerse, mientras la descomposición crece.

Este no es el país que quiero para mis hijos. Estoy asqueado de ver lo que ocurre en mi país y de la impunidad que ha hecho que esta hora de México sea la hora de los asesinos.

Presidente de Grupo Consultor Interdisciplinario.

@alfonsozarate

TEMAS RELACIONADOS
Guardando favorito...

Comentarios