El caso Duarte, las dudas

Alfonso Zárate

En el peor de los casos, pasará un tiempo breve en prisión, en una celda VIP, y después, a gozar de la enorme fortuna mal habida

¿Qué hay detrás de la sonrisa de Javier Duarte de Ochoa que se difundió tras su captura en Guatemala? Para algunos, evoca la de Edgar Valdez, La Barbie, el capo que mientras era presentado a los medios esbozó una sonrisa indescifrable, quizás burlona. Para otros es la mueca de un hombre que confía en una componenda que lo librará de los cargos porque para eso son los amigos —o qué no valen nada las aportaciones para las campañas, los negocios, los favores...

Quizás un exceso de confianza por todo lo que sabe es lo que lo llevó a ser tan burdo en sus fechorías, se sabía protegido por una hermandad. Desde sus días como secretario de Finanzas de otro de su misma especie, Fidel Herrera, Duarte aprendió cómo desviar carretadas de recursos públicos para financiar campañas electorales con ese dinero que no se reporta al INE, pero que es crucial en la operación a ras de suelo y, de paso, engrosar su patrimonio. Así que, en el peor de los casos, pasará un tiempo breve en prisión, en una celda VIP, y después, a gozar de la enorme fortuna mal habida.

Duarte está detenido en Guatemala, mientras Tomás Yarrington, el ex gobernador durante cuya gestión se asentó firmemente el crimen organizado en Tamaulipas, permanece en Italia aguardando su extradición a Estados Unidos. Pero en México una sociedad harta de tanta tropelía sabe que esto no basta y se pregunta ¿seguirán intocados sus cómplices y lograrán recuperarse las sumas de miles de millones de pesos que robaron a sus estados?

Los crímenes de Duarte —un ladrón compulsivo cuyos tropezones terminaron haciéndolo indefendible—, son más serios porque descobijaron necesidades esenciales de los más necesitados en materia de salud, educación, seguridad.

Por la pronto, la pachorra con la que actúa la Comisión Instructora de la Cámara de Diputados, que preside Ricardo Ramírez Nieto (PRI), exhibe las resistencias de sus compañeros de partido para proceder al desafuero de Tarek Abdalá, el ex tesorero del gobierno de Duarte y, al parecer, una pieza clave en los desvíos.

Hoy, con una actitud impúdica, los miembros de su partido, prometen que no habrá impunidad, esa impunidad que se mantuvo a lo largo de casi seis años a pesar de las evidencias, de las denuncias ciudadanas, de investigaciones periodísticas, de los reportes de la Auditoría Superior de la Federación. Todos sabíamos, no solo en Veracruz, en el país entero, que Duarte había establecido una satrapía en su estado. Pero nadie con el poder para hacerlo movió un dedo para frenarlo. La venganza ciudadana en las urnas es una tibia manera de castigo, porque se impone solo cada seis años, cuando estos sinvergüenzas ya dejaron en ruinas las finanzas del estado.

La impunidad es la marca de la casa. Arturo Montiel —precursor de esta generación de delincuentes-gobernadores— sigue disfrutando su fortuna y hasta se da el lujo de aparecer en reuniones de su partido en el Estado de México, donde es llamado “don Arturo” y aclamado como el artífice de la llegada a Los Pinos de la cofradía mexiquense.

¿Y qué hay de Karime Macías, la esposa y figura central de la red de cómplices que incluye a sus padres, hermanos y cuñados? Está libre y, según la PGR, “está limpia”. ¿Limpia? No es descartable que su libertad sea parte de un arreglo para garantizar que Duarte no hable de más.

Por lo pronto, otra “fichita”, Rodrigo Medina, ex gobernador de Nuevo León, se encuentra libre, luego de pisar la cárcel por unas horas y su fotografía tras las rejas es muy poca cosa ante lo que hizo. Por cierto, ¿qué ha ocurrido con su papá, Humberto Medina (quien decía “mi hijo da los apapachos, yo los chingadazos”), ¿quedará también impune? Y otro impresentable, Humberto Moreira, se postula para una diputación local en Coahuila, mientras Emilio Lozoya Austin se encuentra protegido a pesar del desastre financiero que dejó en Pemex y de sus presuntos vínculos con la firma brasileña Odebrecht.

Hoy, algunos futuros prófugos despachan en oficinas estatales de gobierno y mientras tanto, el Sistema Nacional Anticorrupción sigue incompleto mientras se toman las medidas para convertir en una simulación su autonomía.

Presidente de Grupo Consultor Interdisciplinario.

@alfonsozarate

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