La renuncia de un Presidente

Alfonso Zárate

“El cargo de Presidente de la República sólo es renunciable por causa grave, que calificará el
Congreso de la Unión, ante el que se presentará la renuncia”.
Artículo 86 de la Constitución

En el país hay mucha gente enojada. Grupos sociales e individuos que, con razón o sin ella, responsabilizan al gobierno de todo cuanto ocurre y focalizan su irritación en la persona del Presidente de la República. Quien solía ser El dador de todos los Bienes hoy es Señor de todos los males.

El “mal humor social” es una mezcla de frustración, desaliento y disgusto por muchas razones; pero, sobre todo, por las expectativas incumplidas, el estancamiento económico, la delincuencia desbordada y los escándalos de corrupción. La sociedad sufre en carne propia no sólo la brutalidad del crimen organizado sino, también, de la delincuencia “menor” que produce hechos terribles como el asesinato del director de cine, León Serment, apuñalado en un asalto callejero en la Ciudad de México.

Esta dura realidad ha llevado a muchos mexicanos a exigir la renuncia del Presidente; un reclamo que muestra mucho coraje pero, asimismo, expresa una cierta dosis de ingenuidad sobre las adversas consecuencias que traería un hecho de tal naturaleza.

Desde la promulgación de la Constitución de 1917 y hasta agosto de 2012, en que fue reformado el artículo 84, el texto constitucional establecía dos hipótesis sobre la falta absoluta del titular del Poder Ejecutivo. La primera, cuando esta falta ocurriera dentro de los primeros dos años del gobierno; en cuyo caso, el Congreso —o la Comisión Permanente— nombraría con el voto de dos terceras partes de sus miembros presentes, a un presidente interino; finalmente, el Congreso expediría la convocatoria a nuevas elecciones para elegir a quien concluiría el periodo.

En la segunda hipótesis, cuando la falta ocurriera dentro de los últimos cuatro años de su mandato, el Congreso, por mayoría calificada de sus miembros presentes, nombraría a un substituto que concluiría el periodo.

El asesinato de Venustiano Carranza dejó acéfala la Presidencia. Otro crimen, el del presidente electo Álvaro Obregón, amenazó convertirse en una crisis de desenlace insospechado: los obregonistas amenazaban con tomar el poder por asalto. Otra falta absoluta de titular del Ejecutivo ocurrió en 1932, durante el Maximato, con la renuncia de Pascual Ortiz Rubio. Sin embargo, estos hechos que pudieron generar severas crisis políticas, pudieron resolverse gracias a la presencia de un verdadero factótum en el sistema político, quien condujo esos duros trances.

En el primer caso —asesinato de Carranza— fue el Caudillo, Álvaro Obregón, quien movió los hilos del poder. En el segundo y tercero —asesinato de Obregón y renuncia de El Nopalito— fue Plutarco Elías Calles, quien devino Jefe Máximo de la Revolución.

Desde entonces, no se ha dado la falta absoluta de ningún presidente. El proceso barroco establecido en la Constitución, que exigía la formación de mayorías legislativas, llevó a una reforma que se propuso darle una salida tersa a esa circunstancia. La solución, definida por la reforma de 2012, establece que ante la ausencia del presidente, será el secretario de Gobernación quien asuma temporalmente el cargo en tanto el Congreso nombra al presidente interino o substituto.

Quienes se pronuncian por la renuncia del Presidente parecen ignorar que, de concretarse, generaría una crisis de tal magnitud que resultaría peor el remedio que la enfermedad. El país no vive las condiciones extremas de ingobernabilidad (multitudes en las calles, como en Venezuela, reclamando la revocación del mandato de Maduro). Por otra parte, ninguna fuerza política —ni siquiera la más dura, como la CNTE y sus aliados— ha planteado un cambio drástico en el Ejecutivo. Hay mucho coraje, pero se expresa desde la comodidad de las redes sociales y el cuasi anonimato.

Concluyo citando a Armando Fuentes Aguirre, Catón: “También yo pediría la renuncia de Peña Nieto si pensara que eso le acarrearía a México más bien que mal. Ciertamente cada día se vuelve más difícil soportar tantos errores, tantas fallas. Pero no falta mucho ya para el 2018. Entonces mostraremos con nuestro voto el repudio a un régimen cuyas torpezas, omisiones, ineptitudes e ilegalidades están haciendo tanto daño a la nación” (Reforma, 02-09-16).

Presidente de Grupo Consultor Interdisciplinario.

@alfonsozarate

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