El ‘choque’ interno

Alfonso Zárate

Se suele hablar poco de un factor que afecta seriamente proyectos de inversión que podrían generar miles de empleos, fortalecer las finanzas públicas y las exportaciones: el choque interno.

Para justificar las malas cuentas, el pobre desempeño de nuestra economía, los tecnócratas tienen un argumento impecable: “los culpables son los otros”. Estamos sufriendo las consecuencias del “choque externo”: la desaceleración de China y Europa; el “lento” crecimiento de Estados Unidos; la caída en los precios del petróleo; la incertidumbre que genera la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea. Como en la segunda parte del sexenio anterior, siempre habrá forma de recurrir al expediente de “la crisis que nos vino de fuera”.

No se trata de negar, desde luego, las implicaciones directas de las inclemencias del clima internacional en los asuntos nacionales. La globalización y la “interdependencia” no son mitos geniales, sino realidades indiscutibles. Sin embargo, nuestros gobernantes suelen hablar poco de un factor que está afectando seriamente importantes proyectos de inversión que podrían generar miles de empleos, fortalecer las finanzas públicas y las exportaciones: el choque interno. Los impactos de una protesta gremial que, cada vez más, toma tintes de revuelta social y cuyas imágenes dan la vuelta al mundo.

¿Qué está ocurriendo en Oaxaca, Chiapas, Guerrero y Michoacán? Que la CNTE y sus aliados bloquean carreteras y establecen cooperaciones “voluntarias” para poder pasar sus “aduanas”, pero niegan el tránsito a los camiones de “empresas extranjeras”. Que asaltan oficinas públicas y locales de partidos políticos, queman inmuebles y archivos documentales, roban vehículos, secuestran y vejan a quienes no se someten a sus decisiones… Y, todo esto, ante la omisión de los responsables de aplicar la ley; quienes, pasmados, responden convocando a “mesas de diálogo” en las que no parece haber más desenlace factible que la rendición de la autoridad.

Ni los gobiernos estatales ni el federal restablecen el orden. En tanto, la palabra del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, pierde todo valor cuando advierte que “se acabó el tiempo”, pero no actúa en consecuencia. En lugar de acciones firmes, operativos impecables, el reloj se detiene, el anuncio queda en suspenso y los desmanes continúan o, incluso, se incrementan. Peor aún, si el encargado de la política interior asegura que la reforma educativa no está a discusión… y concede que en una de las mesas de “diálogo” se aborde el tema educativo.

Este manejo errático, plagado de señales contradictorias, está siendo decodificado en los centros de decisión de las empresas globales como un riesgo para sus inversiones y un golpe real a sus operaciones en México; por lo que no sería extraño que decidieran frenar o mover inversiones cuantiosas hacia otros destinos que les ofrezcan seguridad jurídica.

La precariedad del Estado de derecho es una pésima señal para los inversionistas nacionales y extranjeros. ¿Cómo impulsar, por ejemplo, el proyecto de las Zonas Económicas Especiales en un escenario descompuesto? Si a la precariedad de las condiciones materiales y la falta de infraestructura para el establecimiento de plantas industriales se agrega el “clima social” enrarecido, no parece haber salidas al laberinto. ¿Quién estaría dispuesto a invertir en territorios sin ley, donde “mandan” los grupos más vociferantes, los profesionales del chantaje y la “negociación” bajo coacción?

Malas noticias para México. Los dirigentes de las grandes corporaciones, cuyos centros neurálgicos se ubican en ciudades de Estados Unidos y Europa, están advirtiendo que nuestro país, que hace muy poco ofrecía condiciones extraordinarias para los negocios, vive un momento delicado. Y esta vez, en esta coyuntura, en este verano de malos augurios, no será fácil escurrir el bulto. La responsabilidad es sólo nuestra: de una administración federal que parece desbordada por todos los flancos y una sociedad inerme ante la indolencia de la clase política y la incompetencia de la burocracia gobernante. Mientras tanto, los violentos seguirán apretando el cerco y disfrutando de sus mesas de “diálogo”.

Presidente de Grupo Consultor Interdisciplinario.

@alfonsozarate

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