Lo que se juega en Chihuahua

Alberto Aziz Nassif

El estado de Chihuahua fue durante los años 80 y 90 un laboratorio de lo que significó la transición a la democracia. Durante esos años hubo un juego de anticipaciones entre la dinámica del estado y lo que pasaba a nivel nacional. El fraude local de 1986, famoso internacionalmente, se dio también en la sucesión presidencial de 1988, y la alternancia local que se logró en 1992 fue presagio del año 2000. Durante los gobiernos panistas en la Presidencia, uno más malo que el otro, Chihuahua regresó al PRI y ya tiene 18 años ese partido en el poder. La sociedad local se desencantó de la alternancia, al igual que sucedió en todo el país. Ahora se abre de nuevo la posibilidad de una alternancia, pero la división del voto opositor puede hacerla fracasar.

Las elecciones competidas generaron expectativas de contar con mejores gobiernos, pero los partidos empezaron a defender sus intereses particulares por encima del interés general de la ciudadanía y eso provocó abstención; sólo los sectores del voto duro permanecieron en el negocio electoral. El panismo perdió la Presidencia en 2012 después de un pésimo gobierno y regresó el PRI con todas sus mañas y habilidades para reproducir la impunidad y la corrupción. Pero los priístas demostraron que ya no entienden a una sociedad que ha cambiado. Quisieron gobernar el país como si fuera el Estado de México y los apoyos se derrumban.

A pesar del desencanto y la desconfianza en los políticos y los partidos, a veces las elecciones pueden ser un momento clave para cambiar las políticas de gobierno. Ya sabemos que la selva de los grandes intereses que domina en el país es un obstáculo para hacer cualquier cambio significativo. El sistema electoral ha sido reformado tantas veces que hoy es más complicado y costoso, y no produce satisfacción y certeza. Es tan grande el desencanto en el sistema político que se admitió a los candidatos independientes, como una posibilidad de tener mayor legitimidad. De esta forma, hace un año El Bronco ganó como independiente el gobierno de Nuevo León y otros llegaron a ser legisladores locales (Kumamoto en Guadalajara) o federales (Clouthier por Sinaloa).

En Chihuahua se quiso repetir el experimento con Chacho Barraza, un representante de intereses empresariales. Pero el candidato falló, no se volvió competitivo y, según todas las encuestas que circulan, está en un lejano tercer lugar. Sin embargo, a diferencia de lo que hizo Fernando Elizondo en Nuevo León, declinar en favor de El Bronco, Chacho está empecinado en seguir hasta el final. Ya sabe que no va a ganar, a pesar de toda la inversión que los hombres del dinero han hecho por él. Pero lo peor no es que pierda, sino que haga perder a la opción que puede generar un cambio en el estado. Se trata de un político panista sui géneris, Javier Corral, que ha jugado con independencia de la línea oficial de su partido y ha defendido una agenda democrática. En su larga carrera parlamentaria muchas veces ha estado en empatía con la izquierda, por eso ahora lo apoyan varios líderes de ese sector (Cárdenas y Encinas). Corral logró hacer un proyecto progresista mediante una amplia alianza ciudadana con numerosas organizaciones sociales. Pero el triunfo de esta opción tiene un obs-
táculo importante que divide el voto opositor y que puede hacer que gane de nuevo el PRI: se llama Chacho y puede ser el independiente que mantenga al PRI en el poder. Víctor Quintana escribió un artículo en donde explica cuáles son “las cuatro dependencias del independiente”: de sus financiadores, del gobierno, de sus verdades a medias y de grandes intereses económicos y externos al estado. A estas alturas, la pregunta es: ¿a quién le conviene mantener al “independiente” y dividir el voto opositor?

Lo que se juega en Chihuahua puede ser una anticipación de 2018, en donde uno o varios independientes fragmenten el voto opositor y el PRI pueda volver a ganar. Lo que pase el domingo en Chihuahua puede cambiar la situación de violencia, corrupción e impunidad que ha impuesto el PRI de César Duarte y su candidato, Enrique Serrano. La opción se llama Javier Corral. Veremos si Chihuahua puede sacudirse al PRI y al “independiente”…

Investigador del CIESAS

@AzizNassif

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