La extraña agenda progresista

Alberto Aziz Nassif

En las últimas semanas Enrique Peña Nieto ha impulsado varios proyectos de reforma legislativa que tienen un signo progresista. Las iniciativas llaman la atención, no tanto por su contenido, sino porque las propone este gobierno que no se caracteriza por defender estas causas. Hay una iniciativa laboral, otra sobre los matrimonios de personas del mismo sexo, y una más para legalizar el uso medicinal y terapéutico de la marihuana.

Este gobierno perdió credibilidad y apoyo por la mezcla de varios expedientes que lo expusieron como un reproductor de la impunidad y tapadera de las fuerzas de seguridad, como con los 43 de Ayotzinapa y Tlatlaya. Además, el propio Peña Nieto quedó expuesto a un conflicto de interés del que no pudo deslindarse y tampoco quiso resolverlo de forma transparente, puso a un subordinado para una exoneración fácil. Complicidad y corrupción son motivos que ahora el propio Presidente reconoce ahora como un “mal humor social”. Si algo enoja a una sociedad es la corrupción de la clase política, y si algo es intolerable para muchos ciudadanos es la pareja de represión con impunidad.

La caída de apoyo a este gobierno llegó después de que terminó el ciclo reformador de los primeros dos años del sexenio. No voy a discutir aquí el sentido de las reformas por razones de espacio, pero no se puede dejar de lado que el cambio de reglas no han representado una transformación que se palpe en mejores condiciones para el país. Estamos ante reformas cuyos resultados apuntan hacia un gatopardismo. Sólo dos ejemplos, en materia de medios de comunicación la concentración no ha cambiado y el pluralismo informativo sigue siendo una asignatura pendiente; en materia energética, Pemex se encuentra endeudado (40 mil millones de pesos) una difícil situación financiera y la inversión privada no ha llegado como se anunció. Las reformas generaron expectativas enormes y sus resultados han sido muy pobres.

Los primeros años de las reformas fueron los mejores de este gobierno y a pesar de no haber tenido un gran apoyo, Peña Nieto mantuvo porcentajes estables de aceptación. Es posible que en estos momentos —de bajísima aprobación— se haya pensado en poner en marcha otro ciclo de reformas para levantar una expectativa de cambio y romper con las inercias de una administración que se acomoda a esperar el final del sexenio.

La reforma laboral propone terminar con las juntas de conciliación que han sido una expresión del régimen corporativismo-autoritario; crear un organismo descentralizado federal para el registro de los sindicatos y los contratos colectivos. No es un proyecto de este gobierno, ni muchos menos de su coalición, y tiene muy molestos a los intereses empresariales que se oponen radicalmente a la desaparición de los contratos de protección y a dejar el viejo esquema de simulación, de “tú haces como que tienes sindicato y yo te cobro las cuotas”. La política de bajos salarios, la simulación de la justicia laboral y las cada vez más precarias condiciones en el mundo del trabajo —60% de informalidad— vuelven a poner a México en problemas ante el Acuerdo Transpacífico. Por otra parte, la propuesta de los matrimonios entre personas del mismo sexo no es un proyecto de este gobierno, pero Peña Nieto aprovecha una sentencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y lanza una reforma constitucional para ampliar los derechos de los grupos que pelean esta agenda de igualdad. La legalización de la marihuana para su uso medicinal y terapéutico es otra reforma de este ciclo para legitimarse. La estrategia de esta agenda obedece a pérdida de legitimidad internacional, a la presión de socios como Estados Unidos, y a organismos como las Naciones Unidas que dan la batalla por los derechos humanos.

Mientras aquí la crisis de derechos humanos sigue tan campante; seguimos batallando para que salga el sistema anticorrupción y la ley 3de3. Estos casos pueden legitimar temporalmente a este gobierno, a pesar de la incomodidad de su propia coalición conservadora de gobierno. Pero, no hay que entusiasmarse demasiado, falta aprobar las iniciativas y aplicarlas. Recordemos que en México siempre hay forma de burlar la ley…

Investigador del CIESAS

@AzizNassif

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