Regresión

Alberto Aziz Nassif

Cuando un gobierno es reprobado hay que buscar la relación entre las promesas de campaña y las políticas realizadas o la ausencia de ellas

El día 14 de marzo se publicó en EL UNIVERSAL una encuesta que le daba a Peña Nieto 32% de aprobación como presidente de la República. Se trata de una caída que resulta extraña al comportamiento de sexenios anteriores, cuando los presidentes no bajaban de 45% en los momentos más críticos. Esta desaprobación mayoritaria puede tener muchas explicaciones. Exploremos algunas.

Cuando un gobierno es reprobado hay que buscar la relación entre las promesas de campaña y las políticas realizadas o la ausencia de ellas. A simple vista se puede ver que México está muy lejos de vivir en paz, como ofreció Peña Nieto; las cifras de la violencia siguen tan altas como en el sexenio anterior (febrero pasado fue el mes con más homicidios en los últimos dos años). La oferta de un país incluyente no aparece por ningún lado, seguimos en la ruta de la exclusión. Se quieren obtener resultados diferentes con las mismas políticas y sólo se renueva el fracaso; con las políticas de combate a la pobreza estamos igual que hace 20 años y el principal causante es el bajísimo salario que se paga en México. Hace unos días la Cepal informó que la pobreza ha bajado en América Latina, con excepción de México, Honduras y Venezuela. La promesa de una educación de calidad sigue entre signos de interrogación, porque una cosa ha sido el paquete administrativo para la evaluación docente y otra muy distinta es un proyecto educativo orientado a la calidad, el cual todavía no se ve por ninguna parte. Sobre la promesa de prosperidad se tiene que mirar el nivel de desigualdad creciente, como lo muestra el estudio de Oxfam México; además de mirar la crisis fiscal del Estado, la situación ruinosa de Pemex, la caída en los precios de los hidrocarburos, la devaluación de la moneda, los recortes al presupuesto y la falta de políticas (industrial, financiera, salarial) para dejar de ser atractivos sólo por la mano de obra barata.

Sobre la promesa de responsabilidad global existen diversos miradores, pero sin duda el caso más grave en este momento es el enfrentamiento en contra de los defensores de derechos humanos, como sucede con Emilio Álvarez Icaza y el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), así como las batallas en contra de los diferentes relatores de Naciones Unidas sobre tortura y desapariciones forzadas. En cada uno de los temas tenemos a un gobierno a la defensiva que niega la realidad.

Pocos se acuerdan a estas alturas del ciclo reformador impulsado en los primeros dos años de este sexenio que terminó sin resultados positivos. Hasta el mismo gobierno de Peña Nieto es tímido cuando lo presume: habla de que los cambios en telecomunicaciones quitaron la larga distancia (como el gran logro), pero no dice por qué no hay un sistema mediático más plural y equilibrado, medios públicos más fuertes y medios comunitarios con mayor certeza jurídica. La reforma energética se ha perdido en las mareas de corrupción y mala administración que llevaron a Pemex a una quiebra. Desde los casos de conflicto de interés como la Casa Blanca de Peña Nieto y lo que sería el tren chino México-Querétaro, no se enfrentó el gravísimo problema de corrupción que atraviesa a este gobierno. Ahora con la investigación periodística #PanamaPapers (Aristegui Noticias) veremos las trampas fiscales de una parte de la red (Higa, Televisa, Azteca, etcétera) que apoya a este gobierno.

Emilio Álvarez Icaza, secretario ejecutivo de la CIDH, lo dijo con claridad: la denuncia en su contra “es un ataque (…). Ni en el Perú de Fujimori ni en la Venezuela de Chávez hay precedente de investigación previa sobre el secretario ejecutivo de la CIDH. México se está poniendo en una regresión autoritaria”, (EL UNIVERSAL, 31/III/2016). ¿Venganza por el último informe de la CIDH sobre México?

La desaprobación de Peña Nieto seguirá porque este gobierno reproduce la corrupción y la impunidad. Por eso ya se ha empezado a pensar en la próxima sucesión presidencial, 2018, como una posibilidad de que el malestar ciudadano se convierta en una alternativa a la regresión autoritaria. En México ha vuelto la lucha entre democracia y autoritarismo…

Investigador del CIESAS.

@AzizNassif

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