Cubama, una buena noticia

Alberto Aziz Nassif

Desde 1928, cuando el presidente estadounidense Calvin Coolidge pisó tierra cubana, ningún mandatario había regresado

Una muy larga historia de desencuentros y enemistad es la que se tejió entre Cuba y Estados Unidos durante 54 años. El restablecimiento de relaciones diplomáticas entre los dos países, anunciada en diciembre de 2014, se refuerza hoy con la visita del presidente Barack Obama a la isla. Desde 1928, cuando el presidente estadounidense Calvin Coolidge pisó tierra cubana, ningún mandatario había regresado. Jimmy Carter visitó la isla, pero ya era ex presidente. Ahora Obama visita a Raúl Castro como una expresión de los nuevos tiempos. Algunos comparan esta visita con la que hizo Richard Nixon a China en 1972. En esta época de polarización en donde el discurso fascista de Donald Trump acaparan reflectores, la visita de Obama es, como dijo The Economist, Cubama.

Un libro reciente, Diplomacia encubierta con Cuba, de William M. LeoGrande y Peter Kornbluh, narra la historia del desencuentro y de los innumerables esfuerzos de conciliación para logar un entendimiento entre los dos países. El texto se estructura a través de los encuentros y desencuentros de diez presidentes, once con Obama, desde Eisenhower hasta Bush, que protagonizaron una densa relación con la isla. Uno de los ejes de esta historia es que todo el tiempo, aun durante las administraciones más anticubanas, hubo esfuerzos de negociación para lograr un entendimiento. El interlocutor fue Fidel Castro, hasta que su hermano tomó el relevo en el cargo en 2006.

Desde el triunfo de la revolución, Cuba se volvió una piedra en el zapato de Estados Unidos. La distancia ideológica fue inversamente proporcional a la cercanía entre la isla y el continente. Durante la Guerra Fría, Cuba fue una pieza importante, más por el simbolismo que por ser una amenaza real, con la excepción de la crisis de los misiles en octubre de 1962 durante la presidencia de Kennedy. Los desencuentros y las presiones diplomáticas, la mayoría secretas, fueron cotidianas. Hubo captura e intercambio de prisioneros, acuerdos sobre inmigración de Cuba hacia Miami y un variado arco de presiones para abrir o cerrar el vínculo (vuelos, remesas, correo, visas). En la disputa estuvo también la presencia militar cubana en Angola y el apoyo a otros países, como Nicaragua.

El conflicto entre Cuba y Estados Unidos quedó como una reliquia. Durante su último mensaje a la nación, en enero pasado, Obama le pidió al Congreso que terminaran con el bloqueo, que era una pieza del museo de la Guerra Fría. Sin embargo, las posiciones republicanas más conservadoras se han opuesto. El senador Marco Rubio, que hace unos días abandonó la carrera por la nominación de su partido a la Presidencia, ha sido muy activo en contra de la política del presidente Obama.

El restablecimiento de relaciones deja atrás un paradigma agotado: de un lado la exigencia de una democracia y el respeto a los derechos humanos y, del otro, la suspensión del embargo y la devolución de Guantánamo. Tuvo que llegar otra generación al gobierno de Estados Unidos y un cambio de liderazgo en Cuba, para dejar atrás el círculo vicioso de 54 años de desencuentros y rupturas. Es cierto que cuando el conflicto ya se había instalado, a finales de los años cincuenta, Obama todavía no nacía. Como parte de esta historia quedan en el pasado casos como los misiles soviéticos, el niño Elián González, varias crisis de inmigrantes, el fin de la Unión Soviética y el lobby cubano anticastrista de Miami que sigue activo. En el presente está la voluntad de Obama de darle vuelta a la página, y la intención de un arreglo por parte de Cuba y Raúl Castro. Hubo otros factores que ayudaron al acercamiento, como la mediación del papa Francisco. El futuro sobre el embargo y la relación entre los dos países dependerá mucho del resultado de las elecciones en Estados Unidos el próximo 8 de noviembre. En caso de una victoria de los demócratas, podrá haber continuidad, pero en caso contrario, se pueden atrofiar todos los avances.

El imperio y la isla se dan la mano y se miran a la cara. Cada uno tiene su versión de la historia, pero el símbolo es muy importante, sobre todo en un contexto internacional de polarización e incertidumbre. Cubama es una buena noticia…

Investigador del CIESAS

@AzizNassif

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