Derechos humanos en el pantano

Alberto Aziz Nassif

Sin duda, esta crisis de derechos humanos es una consecuencia de la debilidad del Estado

Hace unos días se presentó el informe 2015/16 de Amnistía Internacional (AI) La situación de los derechos humanos en el mundo, y en el capítulo sobre México se puede observar que el país está metido en un pantano en donde cada paso que se da, ya sea en iniciativas de ley o en programas, registra un mayor hundimiento. Sin duda, esta crisis de derechos humanos es una consecuencia de la debilidad del Estado.

La crisis mexicana ha mostrado que cada vez que llega un relator de un organismo internacional y emite un dictamen negativo, como lo hizo Juan Méndez en abril de 2015, cuando señaló que la tortura era una práctica generalizada en México, o el alto comisionado Zeid Ra’ad Al Hussein en octubre de 2015, que llamó a proteger a periodistas y defensores de derechos humanos, el gobierno adopta una doble actitud: litiga y descalifica al mensajero y luego emite una iniciativa de ley (Ley General contra la Tortura, Ley General sobre Desapariciones Forzadas), que según AI son reglas que no cumplen con los parámetros internacionales.

Esta administración tiene una obsesión en mostrar que el problema mejora y las cifras bajan, pero lo cierto es que el país está cada vez peor. El grupo de expertos independientes que investiga el caso de Ayotzinapa ha tenido que sortear muchos obstáculos para hacer su trabajo, desde sucias campañas de desprestigio, hasta la rotunda negativa para entrevistar al personal militar de la zona de Iguala, Guerrero. Peña Nieto se tardó un año y cinco meses en ir a esa zona.

En el informe de AI se hace un desglose de los principales componentes de la crisis mexicana de derechos humanos. Primero se plantea el tema de la policía y las fuerzas de seguridad, a los que se les atribuyen diversas violaciones de derechos humanos que permanecen impunes; situación que se acentúa en Tamaulipas, Guerrero y Michoacán. Luego vienen las ejecuciones extrajudiciales, los casos de Apatzingán, Tanhuato, Tlatlaya. Sigue la práctica generalizada de la tortura, hay cientos de denuncias en México. Enseguida está el grave problema de las desapariciones forzadas y la impunidad. Hoy en día se contabilizan a 27 mil 638 personas (20 mil 203 hombres y 7 mil 435 mujeres); no se sabe cuántas son por desaparición forzada y cuántas por paradero desconocido. Mientras tanto, las fosas clandestinas siguen apareciendo como expresión del terror. Hace unas semanas desaparecieron, a manos de policías, cinco jóvenes en Tierra Blanca, Veracruz. La agresión y asesinato de periodistas y defensores de derechos humanos sigue al alza y el mecanismo de protección no funciona. La violencia en contra de mujeres y niñas muestra una realidad terrible a pesar de las alertas de género que se han puesto en operación en varios estados del país. El trágico paso de los migrantes centroamericanos es otra de las piezas de esta crisis: hasta el mes de noviembre pasado se contabilizaron “a 178 mil 254 personas migrantes en situación irregular (que) habían sido capturadas y detenidas (…) México superó a Estados Unidos en expulsión de personas migrantes provenientes de Centroamérica” (AI). No se necesita ir muy lejos para encontrar los ecos de Donald Trump en México.

Todo indica que al gobierno no le interesa salir del pantano y empezar a cambiar el lamentable estado en el que se encuentran los derechos humanos. Las leyes no han sido suficientes para cambiar las tendencias. Veremos qué tanto ayuda el sistema de juicios orales, pero no hay que hacerse muchas ilusiones. Hay varios muros que se necesitan derrumbar, como la impunidad y la corrupción, pero para eso se necesita romper el pacto de impunidad que la clase política reproduce. ¿Hasta cuándo seguiremos con cárceles a punto de explotar?, ¿hasta cuándo soportaremos ministerios públicos que son una trampa en contra de la justicia?, ¿hasta cuándo tendremos policías sin la formación necesaria y muchas veces capturados por el crimen organizado?, ¿hasta cuándo seguiremos con Fuerzas Armadas cubiertas por la protección oficial, como en el caso de Ayotzinapa? Gilles Lipovetsky dice que los derechos humanos son el ADN de un sistema democrático, y nosotros estamos cada vez más lejos de tener uno…

Investigador del CIESAS

@AzizNassif

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