30 años después

Alberto Aziz Nassif

En Chihuahua lo más importante será ver si la ciudadanía decide realmente ponerle un alto a la corrupción y a la impunidad

Hace 30 años se le llamó el “verano caliente” a cuando las elecciones en el estado de Chihuahua fueron noticia nacional e internacional. En 1986 estaba completamente prohibido en México que un partido de oposición pudiera ganar una gubernatura y el PRI tuvo que hacer un gran fraude para detener al panismo, de la misma forma que lo hizo en 1988 para detener a Cuauhtémoc Cárdenas. Hoy no se trata sólo de un aniversario que cumple tres décadas, sino de preguntarse qué ha cambiado y cómo es la situación actual.

Cinco sexenios han transcurrido desde entonces, ha habido cambios, pero también múltiples regresiones. El movimiento que puso en jaque a la estructura de poder oficial tuvo diversos componentes, desde partidos de oposición, actores, liderazgos sociales, políticos, religiosos, hasta élites económicas.

Pero quizá lo más importante fue el movimiento civil, una ciudadanía organizada que buscó un cambio pacífico, una transición democrática, a través del voto. El fraude se consumó en 1986, pero en 1992 llegó la alternancia, fue sólo por un sexenio y desde entonces el PRI regresó al poder. Hoy las condiciones de gobernabilidad del estado se han deteriorado de forma importante. Hay signos dominantes que identifican a las últimas tres administraciones priístas y que han dejado una huella negativa: autoritarismo, violencia y corrupción.

Desde los años 80 se inició en Chihuahua un gravísimo problema con los feminicidios, fenómeno conocido internacionalmente como “las muertas de Juárez”. Un desastre humanitario que nunca fue entendido, ni mucho menos resuelto por las autoridades, independientemente del partido político en el poder. La complejidad de la frontera, que en unos días será la última estación de la visita del papa Francisco a México, es una mezcla de los fenómenos del narcotráfico, la violencia, el mundo maquilador y la migración. Ciudad Juárez, la principal ciudad del estado, sufrió en años pasados una enorme destrucción, cuyo emblema fue la masacre de jóvenes en Villas de Salvárcar. Ahora sigue siendo un territorio incierto y golpeado.

30 años después de aquel movimiento cívico y convergente, Chihuahua va de nuevo a las urnas para elegir gobierno. De la misma forma que la alternancia tuvo una enorme inflación de expectativas de cambio, hoy no se tiene una buena explicación de por qué razón sigue en el poder un partido con resultados muy cuestionables en materia de violencia y corrupción. El espacio público de la protesta civil ochentera, como lo fue la protesta social una década antes, se ha vaciado. La ciudadanía se ha recluido en su vida privada y los que se hacen cargo de lo público han podido hacer y deshacer a su gusto y para sus intereses.

El gobernador actual, César Duarte, a decir de muchos chihuahuenses y de integrantes de su mismo partido, se ha pasado de la raya en los niveles de corrupción a los que ha llegado. Hay una denuncia penal en su contra, pero la impunidad lo cubre. Duarte ha duplicado la deuda del estado y ha repartido mucho dinero para controlar a la opinión pública. He escuchado testimonios de cómo se ha ido apropiando de varios ranchos, como un mafioso.

Los emplazamientos políticos se han movido de forma veloz, y con la apuesta de que ya no es tolerable otro gobierno priísta que tape con impunidad la corrupción de Duarte, hay varios candidatos de oposición para enfrentarse al delfín del gobernador, Enrique Serrano. Principalmente está Javier Corral por el PAN y el empresario José Luis Barraza que va como independiente. Por lo pronto, esta división es música para el PRI.

Tal vez la campaña pondrá las cosas en su sitio, como ha sucedido en otros estados. En un escenario de competencia se necesita una coalición fuerte para enfrentar a la maquinaria priísta. Quizá las preferencias electorales puedan construir una candidatura de oposición fuerte, pero lo más importante será ver si el grueso de la ciudadanía, los que no están dentro de la maquinaria clientelar de la coalición tricolor, los desencantados y abstencionistas, las nuevas generaciones, están realmente decididos a ponerle un alto a la corrupción y a la impunidad. Este es el Chihuahua que encontrará el papa Francisco…

Investigador del CIESAS

@AzizNassif

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